Los conozco desde que salieron del huevo de la serpiente del vetusto, ajado y sucio PCE. Cuando no eran más que las crías del viejo reptil comunista, la oligofrénica Prensa española los recibió como a los “mesías” laicos de la política, les compuso sonetos y madrigales y algún que otro mercenario imbécil llegó a comparar a Pablo Iglesias con José Antonio Primo de Rivera.

Yo, no. Conviene aclararlo porque, muy a mí pesar, formo parte de ese gremio indecente que es la Prensa. No soy el Oráculo de Delfos, ni el más listo, ni el más capacitado del burdel periodístico, al contrario; pero sí conozco a los comunistas mejor, mucho mejor que ellos mismos y que sus cándidos votantes. En las crisálidas en las que se vienen metamorfoseando en Occidente, desde el final de la Guerra Fría, huele siempre a crimen y a mentira que, en una relación endogámica, se engendran y se gestan el uno a la otra y viceversa, desde la Revolución Francesa hasta la pocilga de Podemos. En todo comunista hay un chekista en acto o en potencia, activo o durmiente, dispuesto siempre a hacer lo que sea para alcanzar el Poder con la boca llena de las consignas adecuadas para el país y el pueblo a los que pretenden esclavizar: feminismo, Ideología de Género, multiculturalidad, plurisexualidad, movimiento okupa, separatismo, inmigración ilegal disolvente, toda clase de alianzas con las etnias, culturas ( si así se las puede llamar) y religiones enemigas de Occidente, y todo lo que son capaces de crear en sus laboratorios “intelectuales”. Y lo cierto es que para eso, los comunistas son extraordinariamente creativos con su eficacísimo tridente: propaganda, agitación, movilización.

Podemos lleva haciendo exactamente eso desde que la Prensa y el PP los sacaron de la cantina de la Facultad de Políticas de la Complutense. Han llegado a los parlamentos y a los ayuntamientos, pero no donde Robespierre y Lenin mandan, al núcleo duro del Poder, al Gobierno de la Nación. Como todos los reptiles cambian de camisa con la frecuencia dictada por la meteorología política, y han pasado de exigir arrojar a “los borbones a los tiburones” ha solicitar la intermediación del Rey para que convenza a Pedro Sánchez de que los acoja en el Consejo de Ministros. No es que no tengan ni vergüenza ni decoro ni dignidad. Es que son comunistas. Por eso reptan. Está en su naturaleza, como el crimen y la mentira.