“Para liquidar a los pueblos se comienza por despojarles de su memoria. Se destruyen sus libros, su cultura, su historia. Luego viene alguien y les escribe otros libros, les da otra cultura y les inventa otra historia. Entonces el pueblo comienza lentamente a olvidar lo que es y lo que era.

Y el mundo que lo rodea lo olvida todavía más deprisa.”

Milan Hübl

 

La evolución del Derecho Internacional en materia de Derechos Humanos en los últimos 75 años ha sido muy importante, dando cabida al delito de etnocidio. En paralelo, ha profundizado en el desarrollo de los derechos económicos, sociales y culturales, entre los que se cuenta el derecho de los individuos y los pueblos a la identidad cultural.

Así, la normativa internacional ha recogido en sus textos que ‘Toda cultura tiene una dignidad y un valor que deben ser respetados y protegidos y todo pueblo tiene el derecho y el deber de desarrollar su cultura.’ Las mismas Naciones Unidas vienen ‘Reconociendo el derecho de todos los pueblos a ser diferentes, a considerarse a sí mismos diferentes y a ser respetados como tales’. Y si estas normas ponen el acento en las culturas y los pueblos como sujetos de derecho, otro tanto hacen con los individuos al reconocer que ‘toda persona tiene derecho a una educación y formación de calidad que respete plenamente su identidad cultural’. Resulta de particular relevancia la prioridad que se otorga a la protección de los Derechos del Niño, que establecen que ‘la educación del niño deberá estar encaminada (…) al respeto de su propia identidad cultural, de su idioma y sus valores’, a la vez que recogen ‘el derecho que le corresponde, en común con los demás miembros de su grupo, a tener su propia vida cultural o a emplear su propio idioma’.

Tal como afirma Isabel Hernández, ‘Se comete etnocidio cuando se combate la conciencia de pertenencia a un Pueblo, cuando se acalla su palabra pronunciada en su propia lengua y cuando se le niega el derecho a disfrutar, desarrollar y transmitir su propia cultura’. Es decir, cuando se niega la identidad y el futuro a un pueblo como tal y se le ponen obstáculos para mantener y proteger tanto su memoria como sus señas de identidad.

¿No es esto lo que se ha hecho con el Pueblo Leonés, en especial en las provincias de Zamora y Salamanca desde finales de los setenta? En noviembre de 1833, con la división provincial de España se establece la composición de las diferentes regiones, se divide ‘El Reino de León en las de León, Salamanca y Zamora’. Cualquier persona razonable nos dará la razón: tenemos identificada la Región Leonesa y al Pueblo Leonés, integrado por los nacidos y los que viven en esa Región. En Derecho Internacional, la Subcomisión de Promoción y Protección de los Derechos Humanos nombró a un experto que se ocupó de definir el concepto de pueblo como sujeto de derecho, concluyendo que:

“a) el término pueblo designa una entidad social que posee una identidad evidente y tiene características propias.

b) implica una relación con un territorio, incluso si el pueblo de que se trata ha sido injustamente expulsado de él.”

Pues bien, los políticos salidos de las elecciones generales de 1977 y municipales de 1979 sabían muy bien lo que era la Región Leonesa y su composición provincial. Sin embargo, desde entonces, olvidando la labor legislativa de la II República, promueven, en especial desde la izquierda y desde Valladolid, el proyecto etnocida de hibridar León con Castilla y engendrar “lo castellanoleonés”, la fusión de lo leonés con lo castellano, un proceso de homogeneización identitaria, alegando incluso razones de Estado o de interés nacional. Como afirma Miguel A. Bartolomé, en otro ámbito, ‘este proceso no es accidental, no se debe a ningún pretendido desarrollo o transformación social inevitable, sino a la deliberada acción de una maquinaria estatal [y autonómica] orientada hacia la homogeneización de su población. Y es que el proceso de extinción cultural, o de descaracterización étnica, no es sino la expresión del etnocidio, de la inducción al suicidio cultural. Y esto ha sido históricamente construido a través de la sistemática y escandalosa violación de los derechos humanos de estas culturas, previas y alternas a la que se ha constituido como propietaria del aparato político de la sociedad.’

Pueblo Leonés y Región Leonesa constituyen una población y un territorio con características históricas, culturales, lingüísticas y económicas precisas que le confieren una singularidad como pueblo y sujeto de derechos. La violación de estos derechos constituye un auténtico delito de lesa humanidad que debe ser denunciado con la mayor energía en todas las instancias, nacionales e internacionales, a fin de que sean respetados y protegidos.

 

Miguel Ángel Diego Núñez

Autor del libro ‘Regionalismo y regionalistas del siglo XX (una antología)’

y candidato del PREPAL en las elecciones municipales de Salamanca.