Fuimos muchos los que pensamos, conforme íbamos conociendo de qué era capaz José Luis Rodríguez Zapatero, que era necesario reformar el artículo 11 de la ley 50/1997 porque comprendimos que se debería pedir algo más que ser español y mayor de edad para llegar a Presidente del Gobierno. Me consta que muchos de los que lo votaron, porque se presentó bajo las siglas que lo hizo, lo hicieron en contra de su sentido común, en la esperanza de que los años y el puesto le harían mejorar. Quienes confiaron en ello, no sabían, u olvidaron, que la tontería es la más extraña de las enfermedades: el enfermo nunca sufre, y los que de verdad la padecen son los demás.

Y vaya si lo padecimos. No vamos aquí a glosar todos y cada uno de sus desaciertos, pero sí que voy a recordar su recurrente intento porque sólo algunos políticos catalanes logren sus objetivos. Fue elegido Secretario General del PSOE gracias a la promesa que hizo de aprobar la reforma del Estatuto que saliera del Parlamento catalán. Y los políticos catalanes se pusieron manos a la obra. ¡No se quedaron cortos, no! Esperaba que no le iba a costar trabajo porque “controlaba” el Tribunal Constitucional, entonces compuesto por seis magistrados "conservadores" y seis "progresistas". No me he equivocado. Ya sé qué eso es empate. Pero es que el truco estaba en que al ser la presidente María Emilia Casas, una de los jueces progresistas, en caso de empate, el sentido de su voto decidiría por gozar de esa cualidad el del Presidente del alto tribunal. Como aun así, quería más ventaja, no le bastaba con ésa, propuso la recusación de uno de los jueces conservadores. ¡Qué listico el nene! Pero mira por dónde, le salió el tiro por la culata. A quien recusaron fue a uno de los progresistas, Pablo Pérez Tremps, con lo cual, a priori, la ventaja era de 6 a 5 para los conservadores, que terminaron aprobando la declaración de inconstitucionalidad por ¡6 a 4!  Si Zapatero viera más películas, sabría que, al final, los buenos siempre ganan.

Desde entonces no se ha dado por vencido en este asunto y, vuelta la burra al trigo, ahora ha salido con unas declaraciones en las que nos advierte que el problema de Cataluña es “serio” porque en Cataluña hay dos millones de personas que no les gusta el modelo de estado que viene recogido en la Constitución Española de 1978. ¿Saben qué fórmula ha propuesto para solucionar el problema? Mi más sincera enhorabuena a los que han adivinado que se trata de “el diálogo”.  Y por si alguien discrepa de él, se ha adelantado el estadista éste y ha advertido que "cualquier otra vía fracasa y la situación empeora". Una de las frases que escribió Rabindranath Tagore fue que no hay cosa más difícil de soportar que la fe ciega del estúpido.

Vamos a ver. ¿Desde cuándo porque haya dos millones de votantes hay que hacer caso a sus postulados? VOX, sin ir más lejos, en las últimas elecciones generales obtuvo 2.677.173 votos. ¿Hay que hacer más caso a los votantes de opciones independentistas, que por cierto no llegan a los dos millones? ¿Desde cuándo? ¿Por qué? Y si es así, ¿qué hacemos con C’s y PP, que entre ambos consiguieron casi 8.500.000 votos? De verdad, que lo este hombre alcanza unas cotas de estulticia difícilmente imaginables.

Visto lo visto con este sujeto, no alcanzo a entender cómo ha podido llegar donde ha llegado. No habrá que achacarlo a la suerte, o a que estaba en el sitio adecuado en el momento oportuno. Por descontado, no creo que fuera porque era el más idóneo. Que cada cuál piense el motivo por el que llegó a Presidente de Gobierno. En mi caso, dudo entre si es que no habría otro, o que hacía falta un tonto, y éste fue el primero que encontraron a mano.

Pero no me cabe la menor duda que no se merece la paga que todos los meses le llega por haber sido presidente del Gobierno. Por muchos motivos, ¡no se la merece!