Las urnas, ese leviatán a cuyos designios entregamos nuestra voluntad y nuestro destino con un fanatismo pagano, han hablado y su voz y su mandato cubren de zozobra el futuro de la Patria a la que algunos, pocos, muy pocos, seguimos amando tal y como fue engendrada, concebida y construida. Quevedo, que ya avizoró la decadencia de sus muros, diría “no queda más que batirse” y el regeneracionista Joaquín Costa llamaría al Cirujano de Hierro porque la voz del leviatán democrático ha revalidado, otorgándoles los arreos del poder multiplicando la representación parlamentaria de los que odian a España, de los que consideran a España una mercadería para el trueque y el cambalache político, y castigando, con menos dureza de la que merecen, a los cobardes que no quisieron defenderla en los aceros y las piedras de sus cimientos.

 

El PP emasculado pierde 69 escaños y Pablo Casado, el caniche de Aznar que adoptó Rajoy, aparece sonriente en la Noche Triste de España hablando de aritmética y de ecuaciones electorales. Pablo Casado, que tanto invoca el decoro y la higiene democráticas, no tuvo la decencia de dimitir ipso facto, como hubiera hecho cualquier fracasado como él en las democracias que tanto invoca. No da pena, da asco. Pablo Iglesias, engolfado en su palacio del conde Vronsky y solazándose en un lujo aristocrático, pierde 25 escaños y tampoco tiene el decoro de dimitir. Está blindado en su derrota porque las purgas estalinistas en Podemos sólo las administra él. Nauseabundo.

 

El ignorante de pasarela, Albert Rivera, cuyo primordial objetivo es diluir la soberanía nacional en esa taberna de mercaderes masones que es la UE, gana 25 escaños. Los hispanicidas de ERC ganan 6 escaños con los que reforzarán el pelotón de fusilamiento de la Patria sobre la que escupen mientras le saquean los bolsillos. Sus cómplices del PNV suman un judas más a la recua de traidores parlamentarios que ya tenían, y sus sicarios de Bildu doblan su comando de matones en el Congreso. Y Pedro Sánchez, el Kerensky de todos ellos, obtiene 39 salomés parlamentarias más dispuestas a entregar la cabeza y los despojos de España a cambio de bailarle la danza del vientre a comunistas y separatistas para seguir en el poder, y culminar la secular aspiración del PSOE: corregir, destruyéndolo, el error histórico que para los socialistas es España.

 

¿Y VOX? VOX ha quedado, con su juguete de 24 escaños, como ese niño impecablemente disfrazado de oficial prusiano que en los desfiles del Kaiser ponía la nota tierna, y que en el ocaso del César germano sintetizaba en sí mismo todo el patetismo de la derrota.