Vox probablemente ganará las elecciones del domingo 28 de abril. En VOX, derrape altamente probable, cristaliza el velado anhelo de tantos españoles de que un terremoto político lo haga todo fosfatina, que se carbonice todo furiosamente bajo el fuego, que se quede todo reducido a putas cenizas y que luego asciendan las aguas y anegue todo este pútrido balneario, apestado de ratas. Hastío, cabreo, indignación, asco. Un recóndito deseo que probablemente acabe siendo traicionado. Es el voto a VOX una súplica de sanísima venganza y discutible resentimiento, gozosamente nihilista, difusamente irracional, excesivamente enfática, desaforadamente desquiciada en nuestra, por otra parte, desquiciadísima España. Un voto que acabe con la impostora cesura entre derechas e izquierdas. Asombrosa y paradójicamente, papeleta antistablishment.

 

 Agradecidos a VOX

 No agradeceremos a VOX lo suficiente haber rajado el velo sobre la dictadura de género. Humillación, cataclismo, marginación, acoso y aniquilación del hombre, hoy, en España. El feminismo como una herramienta biopolítica de Estado. Persecución sistemática y atroz de lo masculino. Son años y años observando un incremento en la intensidad (y cantidad) de mensajes de degradación hacia el hombre como grupo social. Unos mensajes que se originan en los medios de comunicación y, desde ahí, llegando hasta los políticos transitando, lozanos y fecundos, por las piaras judiciales, normalizándose y legitimándose en todos los aspectos de la vida. De ahí que se concluya que el feminismo más que apetecer equidad o luchar por derechos, lo que hace es fraguar un hondísimo sentimiento de desintegración para expandirlo a toda la sociedad. Las leyes de género y otras imposiciones de la viscosa y reptil socialdemocracia reinante, como el inaudito poder de muchos colectivos homosexuales, son un denuesto contra la libertad, la igualdad y el decoro de todos los españoles. Y todo esto mientras aguardamos a la próxima vuelta de tuerca de el desvarío feminazi: el xenofeminismo.

 

También premiaremos en VOX, con sordina, la denuncia de la pésima gestión de la inmigración masiva, sin destilar y abierta para miles de delincuentes y zascandiles, aguardando su turno para chamuscar la patria común y desanudar la rabia y las fogosidades. La inmigración, tal como está siendo gestionada, además de ruinosa es un peligro para la identidad, la cultura, la seguridad y la estabilidad de España. Una miasma. Y se agradece en VOX su combate contra la gangrena separatista. O su pelotera contra el pérfido Leviatán policiaco que nos obliga a pensar y sentir de una determinada manera. Su vitriólica y agónica denuncia contra amiguismos, clientelismos y nepotismos diversos. O su mordaz acusación contra el robo fiscal. Hasta ahí. That´s folks¡

 

 Echar más sal en la herida

 Le falta a VOX echar mucha más sal en la herida. Desnucar definitivamente al moribundo. De lo contrario, la impunidad vencerá, membrete de gloria del narcorrégimen pederasta del 78. Y no parar de denunciar: políticos felones cual títeres bildebergianos, justicia cual mafia, policía cual camorra, medios de comunicación cual putas arrastradas, servicios sociales mierderos, mafias médicas, pudrideros eclesiales. Que reviente todo, coño. En definitiva, desafiar a las mafias, preferentemente a las legales, y cambiar el putrefacto sistema político español, incluyendo la monarquía. Nuestras bien amadas autoridades. Esos próceres absolutamente impunes. Y, sobre todo, será necesario hacer comprender a la formación liderada por Abascal que el invasivo y totalitario monstruo estatal no puede entenderse sin su innegociable dorso: el gran Capital. Sin ese Jano, bifronte e indisoluble, no se concebirían los grados de vileza y sumisión alcanzados en Occidente. Los lobbies armamentísticos, financieros, tecnoindustriales, farmacéuticos, alimenticios, automovilísticos o mediáticos, entre tantos, son colaboradores indispensables e ineludibles de nuestra esclavitud contemporánea.

 

El eterno retorno de lo idéntico

 Si el maremoto VOX, que España demanda a gritos, emprende el camino de la perfidia, el votante pelaodesertará y el partido se transformará en un ectoplasma patético y prescindible. Transitaremos de disidencia controlada a verdadera disidencia (¿sí?). Será, afortunadamente, la muerte de la democracia representativa. Los “veraces” retornarán, la extrema derecha, esta vez sí, regresará y se abrirá el paso (de oca) a las dictaduras sin disfraces y el nigérrimo ciclo histórico volverá a iniciarse. El hámster dando vueltas sobre el mismo circulo liberticida. Nada más somos. Malditos roedores. Lo dicho, que reviente todo. Saturado de melancolía, con muchas más preguntas que certezas, pero con toda el ansia de reventar las rejas. En fin.