Existen tres pecados/delitos que repugnan a la moral Occidental desde muchos siglos antes del nacimiento de Cristo. Desde las murallas de Troya, que es donde nace la memoria colectiva de Occidente. Tres pecados/delitos que ni siquiera el relativismo hegemónico ha conseguido borrar del inconsciente de los hombres forjados en la fragua de la Filosofía Griega, del Derecho Romano y del Cristianismo. O sea, nosotros.

Esos pecados/delitos son el incesto, el matricidio y la profanación de los cadáveres. Cuando Aquiles profana y humilla, desnuda, arrastra y despoja de sus legítimas marcas de grandeza el cadáver de Héctor, al que ha matado en combate singular para vengar la muerte de Patroclo, sus propios camaradas de armas le rechazan y le condenan a un vacío de desprecio hasta que limpia y honra el cadáver del héroe troyano y se lo entrega a su padre, Príamo, que acude sólo y desarmado al campamento de los griegos a reclamar el cuerpo de su hijo caído en combate. Aquellos duros y feroces guerreros de la Hélade sintieron horror y repugnancia por la profanación del cadáver de un enemigo.

Pedro Sánchez y su manada de cobardes, carentes de elegancia y colmados de villanía, creen haber culminado un acto heroico profanando el cadáver de Francisco Franco sin ni siquiera haberse enfrentado a él en combate singular. No han vencido al Caudillo, ni aún después de muerto, pero sí nos han derrotado a todos nosotros. Ahora las estúpidas vestales de Pedro Sánchez se disponen a hacer harina con los huesos del César en los templos “democráticos” para darle su ración de pan y circo a la chusma que les vota. Como la osamenta profanada es escasa para alimentar a tanto miserable, se disponen a saquear, con los jueces comiéndoles de la mano, a todos y a todo lo que evoque y recuerde a Francisco Franco. ¡Velad! camaradas, hermanos, compatriotas, porque vienen a por todos nosotros para recluirnos en el silencio y encadenarnos al olvido. Preparaos para la ilegalización y la clandestinidad. No os disolváis en la diáspora, no desmayéis en la vigilia ni desfallezcáis en la guardia. No emprendáis el camino del éxodo que sólo conduce a la nada y a la vergüenza.

La Noche Triste ha caído sobre nosotros. Recordad siempre camaradas, hermanos, compatriotas, que la Noche Triste acaba con el amanecer de Otumba y las banderas de la Victoria de Hernán Cortés. Es la hora de los valientes humildes y de los hidalgos pobres y, como en la Legión fundacional, el que tenga miedo que diga que le duele la garganta… y que se aliste en el PP, en C,s o en VOX. Arriba los corazones y preparaos para la muerte civil en la leprosería social que, después de la profanación del cadáver del César que cruzó el Rubicón por el Estrecho de Gibraltar, nos tiene reservada la manada de traidores y de cobardes que vivaquea en los templos de la Democracia.