Manuel Cruz, elegido por Pedro Sánchez para presidir el Senado en defecto de Miquel Iceta y finalmente investido como tal, declaró que asume el cargo de presidente del Senado desde una perspectiva “federalista”. Esa afirmación es fruto de un razonamiento demagógico si se atiende a la configuración del Senado que se recoge en el artículo 69 de la Constitución.

 

El Senado, según la Constitución, es la Cámara de representación territorial, está compuesto por cuatro senadores de cada provincia elegidos por sufragio universal, libre, igual directo y secreto, a los que hay que añadir los designados por las Comunidades Autónomas, que podrán elegir un senador y otro más por cada millón de habitantes de su respectivo territorio. La designación corresponderá a la Asamblea legislativa o, en su defecto, al órgano colegiado superior de la Comunidad Autónoma, de acuerdo con lo que establezcan los Estatutos, que asegurarán, en todo caso, la adecuada representación proporcional.

 

Hay que tener presente que, de la regulación del Senado, se puede deducir que no es una verdadera Cámara de representación territorial y, además, de las reglas correspondientes se infiere que recoge la representación de los partidos políticos, pues los ciudadanos votan a las listas presentadas a las elecciones por los partidos políticos con un sistema muy parecido al del Congreso. Si el Senado fuera una verdadera Cámara de representación territorial, no se elegiría a senadores con un número diferente en cada Comunidad Autónoma dependiendo del tamaño del territorio y de la población que habita en el mismo según el censo, pues, para hablar de una verdadera representatividad territorial tendría que haber uno o dos senadores por territorio elegidos en cada Comunidad Autónoma por el Gobierno o por la Asamblea Legislativa correspondiente, en lugar del colectivo de dirigentes políticos que defienden más los intereses de sus respectivos partidos políticos que los de los ciudadanos de cada territorio autonómico.

 

Desde el PSOE se intenta meter el federalismo hasta en la sopa, ya que quieren hacer todo lo posible por camelarse a los independentistas catalanes para lograr que piensen que necesitan un Estado español federal más que un Estado catalán. El problema para el partido político de Pedro Sánchez es que ERC tiene las ideas muy claras y no parece que vayan a picar el anzuelo, de manera que el actual presidente del Gobierno tendrá que abandonar su posición ambigua frente a los secesionistas.