No es que sea tonto. No lo sé. Pero lo parece y las cosas no son como son, sino como parece que son. Jorge Luis Borges lo sintetizaba muy bien: “lo que los demás perciben de ti, éso eres tú”. Con su última propuesta a VOX, Pablo Casado se ha ganado un papel estelar en el próximo Especial Nochevieja de José Mota como canguro de Irene Montero, a no ser que Mota le adjudique un papel aún más tonto. Porque muy tonto hay que ser para proponerle, casi exigirle a VOX, que retire sus candidaturas en las provincias en las que él y sus brujos demoscópicos creen que los votos de VOX, que Pablito considera suyos por derecho de pernada sobre la derecha sociológica, solo conseguirán que sea el PSOE el que se meta en la faltriquera los pocos escaños que en estas pequeñas provincias se sortean en las urnas.

 

Vamos a ver, Pablito, la caída en picado del PP se debe exclusivamente a la cobardía política y a la falta de coraje personal que blasonan las metopas del partido y las cabezas de sus dirigentes, incluido tú que movías el rabito muy satisfecho cada vez que Rajoy el Blando te acariciaba entre las orejitas con la misma mano con la que les daba dinero y masaje a los separatistas catalanes, en vez de haberles dado la hostia constitulegal que se merecían y que el pueblo español reclamaba sin complejos. Como PP y PSOE sois vasos comunicantes; más que vasos, alcantarillas comunicantes que nutren y colman la Cloaca Máxima en la que, entre los dos, habéis convertido a España, cuando uno baja por méritos propios el otro sube por la resignada carambola electoral del pueblo español que, hasta ahora, seguía ejerciendo su derecho al voto en base a la recomendación que Alfonso XII, en su lecho de muerte, le hizo a su mujer: “Cristinita, guarda el coño, y en política, de Cánovas a Sagasta y de Sagasta a Cánovas”.

 

Pero esa regia recomendación, incluida la de “guardar el coño”, ha envejecido más que los fósiles de Atapuerca, y la derecha sociológica española ya no tirita de miedo al plantearse la posibilidad de no votar al PP, porque VOX ya no es ni una posibilidad ni una probabilidad, es una certeza electoral hecha realidad parlamentaria al sur de Despeñaperros. A lo mejor, Pablito, el que debería ir de mochilero de VOX en esas pequeñas provincias en las que la tómbola electoral reparte pocos escaños es el PP, y no al revés.