Allá por el año 2001 mi destino estaba en Burgos como Jefe de la División “BRUNETE” y fui invitado a la apertura del Curso  Académico de la Universidad burgalesa. La lección magistral de la inauguración estuvo a cargo del rector de la Facultad de Historia que trató el tema de “La desmitificación del Cid Campeador”.

No pude disimular mi sorpresa y por ello, ante el análisis hecho por el catedrático de la figura del héroe, no solo burgalés sino español y universal,  le pregunté a un representante del Ayuntamiento la razón de porque no habían quitado el nombre de la Avenida del Cid y si lo habían hecho con la del General Yagüe que dejó a la Ciudad el hospital de su nombre, la barriada obrera, la militar, la Deportiva....y un largo etcétera de obras importantes para la Ciudad. Lógicamente no tuve respuesta. Recientemente he leído que también en Cáceres otro historiador ha descabalgado de Babieca a nuestro legendario Campeador.

Valga este resumido preámbulo como entrada para dar continuidad a la publicada en este medio el  primer día del año y suscrita con gran acierto por el General  Chicharro, haciendo referencia a otra frase dirigida por su madre a Boabdil tras la pérdida de Granada: “Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre”. Frase que, como la anterior, cuestionan algunos estudiosos de moda entre histórica y simple tradición popular.

No es mi intención en absoluto, competir con especialistas sesudos y competentes  en estudios profundos sobre “EL Cantar del Mio Cid”, concretamente en lo referido a su verso. 20 que sirve de título a esta reflexión que en la actualidad considero puede tener su aplicación para los actuales vasallos, hoy denominados ciudadanos del pueblo español en el que reside la soberanía nacional ( art. 1.2 de la CE).

En las conclusiones de dichos estudiosos sobre el significado  de lo que deseaba transmitir el juglar al hablar del buen vasallo y el buen señor  en el V. 20 de el “Cantar”, incluso haciendo comparaciones con versos parecidos de la obra “Chrétien de Troyes” dedicada al héroe galés Perceval, en tiempos del Rey Arturo, no todos interpretan  de igual forma la bondad o maldad de la Autoridad del Rey Alfonso en su trato con su vasallo Rodrigo porque le cuestiona su conducta, ni aprueban o disienten del comportamiento del vasallo por pedir cuentas a su Rey.

En mi opinión resulta difícil, en nuestro tiempo, juzgar la letra y el espíritu de lo transmitido por el juglar así como la interpretación que los burgaleses del medioevo hacen de lo expresado en el Cantar. Sin lugar a dudas, el poder absoluto  de los  señores, dueños de vidas y haciendas de sus súbditos,  haría que los paisanos del Cid entendieran dicho verso como exaltación del buen vasallo desterrado por el Señor pese a que finalmente ambos asumieran la bondad de cada uno.

Si volvemos al siglo XXI dicha situación no puede ser extrapolable y por tanto, en nuestro caso, no hay posibilidad de interpretación discordante ya que como queda expresado explícitamente en la Constitución:  “Los Poderes del Estado emanan del pueblo español”. En consecuencia, la relación entre el conjunto de los ciudadanos y los representantes que, elegidos por ellos, ocupan las Instituciones de los Poderes del Estado debe basarse en el mutuo respeto entre dichos representantes y sus representados. Ello obliga a unos y otros a guardar las normas escrupulosamente.

Siendo las Instituciones las encargadas, por delegación , de organizar y dirigir la marcha del conjunto, se hace imprescindible la transparencia de su gestión y la eficacia en el logro de los objetivos de los que se hacen responsables en sus propuestas para ser elegidos. Mientras los ciudadanos deben cumplir con el compromiso acordado con sus representantes para lograr la convivencia y el progreso deseado

El problema en el que nos encontramos hoy ante la investidura, parece que inevitable, del nuevo Gobierno es que para la misma no se cumple ese principio de acuerdo leal entre gobernantes y gobernados.

Si admitimos que una Democracia real es el gobierno de las mayorías y las mismas se consiguen con los votos adquiridos tras la presentación de un programa aceptado y su posterior cumplimiento. Aún sabiendo que nunca se ha cumplido estrictamente, en el caso actual dicho incumplimiento supera con mucho lo ya conocido por practicado y  hace que al final  la Democracia buena sea solamente el menos malo de los sistemas

 

Todo lo anterior, bueno y malo es política, no aritmética. Lo que se va a representar en la investidura son solo números  que sumen uno más que la mitad de los Diputados. Números que no solo no se hicieron públicos oportunamente en la manera de alcanzarlos, sino que se negó reiteradamente que se utilizarían y que además se han comprado contra los intereses de la mayoría y por lo tanto de la forma más antidemocrática  y trilera imaginable. Por último,  esa compra ha exigido concesiones políticas que ni siquiera estaban en el programa del aspirante que ha aceptado acuerdos con fuerzas que estarían excluidas de las Instituciones en cualquier País Democrático

Llegados a este punto, sin necesidad de insistir en más por ser conocido y desaprobado por la gran mayoría, resistente o llorosa, como comentaba el General Chicharro en su artículo, solo cabe reiterar la frase que encabeza esta advertencia :

“Dios, que buen vasallo si oviesse buen señor” para  dejar bien patente que no estamos en la Edad Media, que todos somos ciudadanos libres e iguales y que juntos delegamos en nuestros representantes para que cumplan con transparencia y eficacia los objetivos a los que se comprometieron con sus electores.

Por todo ello nuestros representantes deben ser muy conscientes de que la utilización fraudulenta de la Norma  será respondida sin complejos y con energía por la ciudadanía soberana.