Confieso que siempre he sentido una cierta admiración hacia los abogados del estado, ese cuerpo formado por gente que lo mismo te dicen que es de día, siendo de noche, como que es de noche, siendo de día, y se quedan tan frescos.

Que en un pleito aducen que un reglamento universitario ha sido incumplido por el profesor sancionado…, pero que en otro pleito distinto, en función de sus intereses, alegan que esa normativa ya no es de aplicación, pues está implícitamente derogada.

¡Y a continuación pasan la minuta correspondiente, como abogados particulares de una Universidad Pública, con dos cojones!

Que los abogados del estado puedan ejercitar la abogacía privada, simultáneamente con la pública, es algo que creo solo pasa en España… Sería como si los fiscales persiguieran a los delincuentes por la mañana, y por la tarde abrieran despacho para asesorarles “debidamente”…

De cualquier forma, la actuación de la “abogada del estado”, prácticamente defendiendo a los golpistas catalanes, me recuerda mucho la desafortunada actuación de su compañera de Palma, defendiendo también a la todavía Infanta Cristina, ex Duquesa de Palma, y ya no Grande de España, diciendo que eso de que “Hacienda somos todos” es un simple eslogan publicitario, pero que no se corresponde con la realidad. (Algo que ya nos temíamos, dicho sea de paso).

Cuatro fiscales de primerísima categoría, una de ellas ex fiscal general del estado, defendieron que los hechos son tozudos, y que lo sucedido en Cataluña fue un auténtico golpe de estado…, pero para la abogada del estado –aunque no sé si del español o del catalán-, no hubo rebelión alguna, sino una simple sedición, y eso en el mejor de los casos.

Es decir, que la acusación particular del Estado, pues la pública la ejercitaban los fiscales, se alineó con las tesis independentistas, y ya solo le faltó pedir que les absolvieran directamente, o incluso que les condecoraran, por lo mucho que han sufrido, “los pobres”.

Como jurista, aunque no de su nivel, obviamente, pues el suyo está por las alcantarillas, he sentido rubor y vergüenza ajena. ¡Menos mal que nunca opté por ser abogado del estado!

Soy consciente de que la ministra de justicia ordenó que se cambiara el abogado del estado que llevaba el asunto, pues el anterior se negó expresamente a acusar solo por sedición, ya que tenía claro, como cualquier jurista que se precie, que estábamos ante un auténtico delito continuado de rebelión, de libro, y fue sustituido por esa mema, digo por esta abogada del estado.

No sé si va a seguir siendo abogada del estado español, o pasará directamente al servicio de la Generalidad catalana, como directora de la abogacía “del estado” catalán. Méritos no le faltan… O tal vez haya muertos en su armario, o en ADIF, quien sabe.

Por cierto, aprovecho la ocasión para recomendarles mi libro “El Golpe de Estado Catalán”, publicado en Amazon,donde hago una crónica de lo sucedido entre septiembre de 2017 hasta enero de 2018 en ese país que aún llamamos España, no sé por cuánto tiempo.

A la vista del título, creo es innecesario decirles que yo también creo, en conciencia, que estamos ante un auténtico golpe de estado…, que por desgracia continúa:

  • “Gobierno” en el exilio -¿o debería decir gorrones en el exilio?- ,
  • “Internacionalización” del asunto, con la presencia en el parlamento europeo de varios dirigentes separatistas catalanes,
  • Previsibles recursos futuros ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, y
  • Ante alguna comisión de ese caro e inútil organismo llamado la ONU, etc.

“Gracias”, Rajoy, por haber sido tan inútil, tan cobarde, y, posiblemente –aunque no tengo la certeza total-, tan traidor.