Está más que comprobada la desintegración de los intelectos humanos actuales, pero también, y como consecuencia, de la sociedad que nos acoge y de la que formamos parte.

Empezamos aquí a redactar la primera parte de varios artículos breves bajo el título: ¡Qué ingenuos somos! Y el primero, o el que ustedes tienen delante de sus ojos, trata sobre las despedidas de soltero o soltera (si hablamos al estilo progre).

¿No somos conscientes de la imposición de fiestas sin sentido que acatamos sin razonar qué estamos haciendo y qué consecuencias puede tener? ¿Qué sentido tiene celebrar algo que pronto lo vas a contradecir con el futuro compromiso matrimonial? ¿Somos conscientes de que has de guardarle respeto al cónyuge durante todos los minutos de tu vida desde que se forma el noviazgo?

En verdad, los principios los perdimos, como sociedad, hace años, y respondemos a lo que la sociedad manda, sin ser conscientes de cuál es el sentido de lo que hacemos en nuestra pobre vida. Luego, además, no somos capaces de ver que somos máquinas maniatadas y que, sin criterio propio, respondemos y acatamos todo lo que nos dicen. Porque si hay que festejar que un perro ladra, pues se festeja, y si el gato maúlla, pues también.

Total, todo responde a fiesta, y en animar, bajo la coraza del engaño, la vida, que demasiado complicada es. En cierta medida, nos la complicamos nosotros… No sabemos apreciar el respeto y la diversión de forma coherente con unos principios básicos que debíamos tener y que, por una cuestión de contexto social, pues no poseemos.

Aun así, pues viviremos engañados pensando en que yo llevo razón en todo, y pensando a ver cuál es la siguiente fiesta que tenemos, porque hasta la citada fecha del acontecimiento, no hay nada que hacer que tenga sentido. Total, solo existen los fines de semana o vacaciones; el resto del calendario, ahí está, para el iluso que lo quiera apreciar y aprovechar.

Continuará…