El problema que tiene actualmente España con la desmembración producida desde su origen autonómico, con el trasfondo de un cambio de régimen, antidemocrático, en el que estamos sumidos los españoles sin ser consultados, es que se ha pergeñado un diseño que está detrás de este proceso. Y no solamente los nacionalistas están en él.

Consiste en la reconfiguración de una Unión Europea que parte de una Alemania, tras su unificación, convertida de facto en un estado nuclear para la estructuración de Europa. La Europa protestante sustituye así a la Europa Católica que tenía como eje el periodo de los Austrias con los Habsburgo; es decir el Imperio civilizador que fue modificado por la llegada del brazo borbónico a España.

Alemania se configura como eje vertebrador de Europa, que será el que marque la pauta de las políticas en los estados miembros y de la subordinación de los países periféricos a las directrices emanadas de ese poder central. Solamente así se entiende el problema de subversión de los rebeldes catalanes y de los afanes independentistas perfectamente potenciados y amparados desde instancias internacionales, creando una confusa situación de comprensión con la disolución de un Estado miembro como es España en una amalgama confusa e incomprensible de un “Estado federal asimétrico” que es una figura política que encierra un oxímoron en sí misma.

De esta guisa y manera se produciría un reparto de los niveles de control económico que llevó a España a perder la industria en una reconversión que fulminó la siderurgia y la industria naval, así como el sector primario; y, en concreto, determinados sectores como la patata, la vid, y la leche; dejando a España como un país con economía terciaria; tomando como partida el turismo, casi monocultivo del desarrollo económico español.  Para lo cual había proporcionar un “pan para hoy y hambre para mañana” y fomento desmesurado de infraestructuras que indujo una burbuja en el sector de la construcción que produjo una crisis económica que explotó hace un lustro.

La desaparición del Instituto Nacional de Industria, elemento básico en la industrialización y desarrollo económico, en el momento del tardofranquismo, durante  la etapa comprendida desde el año 1960  hasta 1978, previa a la instauración de la democracia, supuso un golpe mortal a la estructura económica de este País, paradójicamente privatizado. El PSOE de Felipe González dejaría puestas las bases de este proceso probablemente negociado con Willy Brandt en su génesis y origen para crear las bases del reparto del poder económico y la centralización en manos de Alemania, formando los pilares de lo que luego sería la Unión Europea.

Pierre Hillard, profesor de Ciencias políticas, (citado en Fracasología de Roca Barea, pg 421), dice “[…] sin embargo, el entusiasmo que levanta a la idea de una Europa unida debe ser ampliamente atenuado. En efecto, se constatan múltiples deficiencias, en particular en el terreno democrático […] La experiencia de la historia demuestra también que son pocas cosas las gratuitas […]. La Europa que se prepara es un Estado federal de regiones con base étnica y no se puede obviar el muy influyente papel jugado por Alemania en esta evolución. Existen en efecto cinco documentos clave que orientan la construcción europea en beneficio del bloque germánico: la Carta de lenguas regionales o minoritarias, el Convenio Marco para la protección de las minorías, las Cartas de autonomía local y regional y el Convenio marco sobre la cooperación transfronteriza (o carta de Madrid)“

Estos cinco textos encuadran el escenario europeo y son en realidad de inspiración alemana y tratan de lograr una parcelación étnica de Europa conduciendo a una fragmentación de los estados nacionales. Y España es el laboratorio de experimentación para ello.

 

Por ello, según Roca Barea (Fracasología, pg 432) “La Carta de las Lenguas Regionales o Minoritarias favorece el empleo de las lenguas regionales en detrimento de las nacionales en todos los ámbitos de la vida pública: escuela, justicia, medios de comunicación (artículos 7 y 14). El Convenio-marco para la protección de las minorías nacionales fue ratificado por España y publicado en el BOE el 23 de enero de 1998 sin ninguna polémica. Puesto que hay que proteger las minorías, se da por supuesto que son atacadas. No se prevé la creación de un marco de protección cuando lo atacado son las mayorías”

 

Y añade “Todavía es imposible saber si la UE sobrevivirá a la hegemonía alemana y a su inmediata consecuencia: la marcha del Reino Unido. En cualquier caso, en estas aguas pantanosas estamos. Normalmente anticipando lo que va a pasar en Europa.”

 

Con este análisis tan certero se puede entender el ataque feroz a la hispanidad como hecho cultural civilizatorio en su propio país, en España, y a la lengua española como vertebradora histórica de lo hispano.  No hay nada que no se entienda que no tenga una explicación detrás, aunque tarde en aparecer.

 

En la construcción de la “Europa de los pueblos” de inspiración nazi está el juego.  Este es el origen de la actual estrategia de descomposición de España creando regiones separadas del núcleo fundacional nacional histórico, para crear la nación de naciones que puso en marcha Zapatero y ahora consolida Sánchez con la inestimable ayuda de Rajoy; lo cual indica que esto no es una casualidad, sino un plan guiado. Ese es el diseño de un Estado federal asimétrico, defendido por Zapatero en su visión de la “nación de naciones” y profundizado en una estrategia evidente por los socialistas actuales. 

Sin embargo, eso no tendrá ningún efecto ni reflejo en Alemania. A nadie se le ocurría que Baviera se desgajara de la actual Alemania. Lo que vale para unos no ocurre en otros.

No quiere decir todo esto que sean políticas explícitas. Evidentemente no se anuncia un plan así en los periódicos, pero su realización es un proceso -nunca mejor dicho…”procés”- realizado a través de un guion escrito en renglones torcidos y con letras invisibles.

 

Eso da el reflejo del plan: se diluye un país con un estado débil para regir sus destinos y destruir su soberanía, favoreciendo los intereses de la Europa Protestante contra la Católica.