La ley de vagos y maleantes fue aprobada el 4 de agosto de 1933 por las Cortes de la Segunda República. Pretendía controlar y “reformar” a los vagabundos, nómadas, proxenetas, etc. Con el régimen del Caudillo se reformó dicha ley para incluir a los homosexuales.

Y es que, cuando las cosas se hacen con sentido común, hay que decirlo, venga de quien venga. Fue la Segunda República quien introdujo dicha ley. ¡Y qué razón llevaban! Ley que si ahora se promulga y aprueba por la derecha (la cobarde o la exultante), pues, ya se sabe lo que dicen los patéticos de la izquierda revanchista: reproches constantes por el retroceso a 40 años atrás, vuelta a fascismo y toda la palabrería susodicha en estos casos.

Dicha norma de control del Orden Público llevaba toda su idea para controlar toda la mugre que andaba suelta. Y es algo que, ahora, echamos de menos. Las personas que suponen un obstáculo y un problema para esta sociedad han de ser apartadas, porque corregirlas es algo difícil o ineficaz.

Los gitanos son una raza proclive a ser esquivada. Son un problema claro cuando te la tienes que jugar con ellos. Si tu profesión es maestro, médico o policía, tu misión con ellos ha de reducirse a intentar esquivarlos. Van a complicarte la vida, y su meta es conseguir sus estólidos objetivos, dejando cadáveres a su camino. Jamás vas a conseguir sacarles algo de provecho, o actitud decente que puede ser apreciada o valorada.

Y la única forma que tenemos ante esta gente es ponerle complicado sus artimañas, con represión o con castigos que se lo hagan pensar la siguiente vez. Porque la única forma de aprender que tenemos las personas es a base de palos y ostias. Y, actualmente, que cualquier sinvergüenza encuentra hasta apoyo en sus actos, pues normal que el número de maleantes crezca. Ven un sistema vulnerable, propicio para cometer barbaries, robos, hurtos, calumnias… y que, con poca reprimenda, vuelvan a estar libres para volver a hacerlo.

Por eso, debemos de aprender de nuestros errores, y ver en esta ley una oportunidad, ya que, en el pasado, nuestros mayores, sufrían las insaciables ideas de manos de los maleantes y vagos, y que se defendieron de la forma más eficaz que el ser humano acepta y asimila: la corrección en base al castigo y represión.