Mienenbuttel, estado alemán Baja Sajonia. Hamburgo, grado cero del horror. La Cruelty Free International denuncia al laboratorio de Farmacología y Toxicología (LPT) ubicado en aquellos lares por la espantosa situación a la que estaban siendo sometidos monos, perros, gatos y otros animales. Un alma generosa se coló como nuevo trabajador en el laboratorio de LPT. Cámara oculta, entre diciembre de 2018 y marzo pasado. Difusión, por fin, del vídeo.

Simios inmovilizados por el cuello en aparatos semejantes a potros de tortura. Chuchos enjaulados bañados en su propia sangre. Perfectos mierdas dizque humanos golpeándolos, y drogándoles hasta las trancas. De paso, otros hijos de puta inyectándoles alguna mierda por la boca. Vomitaban sangre, tenían dificultades para respirar. Fiebre, merma de peso, letargo, problemas de piel, hemorragias internas, dificultades respiratorias, insuficiencia orgánica. No se les administraba ningún analgésico ni se posibilitaba que el dolor quedase remotamente mitigado. Algunos animales mueren. Otros bichitos consiguen refugiarse en las esquinas de su inmunda jaula. Muchos, también, lloran. Las lágrimas de los animales.

La punta del iceberg

Nos hallamos ante microscópica punta del iceberg del horripilante padecimiento animal. La realidad, en Alemania y en todo el mundo, de la vida de los laboratorios que experimentan con animales, es infinitamente peor. En nombre de la Ciencia, esa falacia. Nada es lo que parece. El compromiso con los animales deviene cierto en la Constitución alemana. Memento Bonn, 1949. Todo es descomunal mentira. Tras hermosísimas palabras, además de privarles de su sacrosanta libertad, son sometidos a bárbaras y reiteradas torturas. De forma sistémica y sistemática. Sus monstruosidades científicas, además, resultan estériles. Purulento poro: absoluta imposibilidad de extrapolar los datos extraídos tras la vesania perpetrada contra los animales al universo humano. La Ciencia. Y La Pasta. Coartada y realidad. Sigue el rastro del dinero. Fastuosos negocios detrás de toda esta sañuda y gratuita crueldad. Sin ir más lejos, el laboratorio denunciado  poseía sólidos vínculos comerciales con corporaciones farmacéuticas, industriales y agroquímicas de todo el mundo.

Ignorancia culpable

No se pueden olvidar sus ojos rabiando de dolor. No podemos callar ante semejantes iniquidades. Desde hoy la ignorancia no es ni pretexto ni evasiva ni subterfugio. En fin.