Las denuncias falsas plantean un grave problema. Especialmente preocupante es el caso de las denuncias falsas en el ámbito de la violencia de género, ya que, aunque existen datos oficiales que deberían servir para evitar debates sobre la cuestión, son bastantes las voces que señalan que solo se contabiliza aquella parte de las denuncias falsas que son fáciles de detectar por estúpidos errores de la persona denunciante.

 

El Tribunal Supremo, en una sentencia que se ha conocido recientemente, impone una pena de prisión a una mujer por denunciar falsamente a su marido y ratificarse posteriormente en el juicio oral. Concretamente, la resolución señala que “Si los bienes jurídicos del denunciado falsamente corren el riesgo de ser dañados ante una denuncia falsa, ese riesgo se acentúa más gravemente cuando se produce frente a aquel, ya en juicio oral, un falso testimonio”.

Lo que ha hecho el Tribunal Supremo ha sido resolver un concurso de normas penales existente entre los artículos 456 y 458 del Código Penal. El primer precepto castiga con penas de multa a los que, con conocimiento de su falsedad o temerario desprecio hacia la verdad, imputaren a alguna persona hechos que, de ser ciertos, constituirían delito leve o delito menos grave, si esta imputación se hiciera ante funcionario judicial o administrativo que tenga el deber de proceder a su averiguación, mientras que el segundo castiga con las penas serán de prisión de uno a tres años y multa de seis a doce meses a los que faltaren a la verdad en su testimonio en causa judicial.

 

Hay que destacar que la sentencia del Tribunal Supremo es correcta en la medida en que demuestra una buena captación de la gravedad de ratificar una denuncia falsa en el juicio oral de un proceso penal. El problema es que esa resolución será insuficiente mientras no se proceda a perseguir adecuadamente las denuncias falsas, que hacen un gran daño al sistema en la medida en que disminuyen enormemente la fiabilidad de unas normas sancionadoras que, aunque deberían servir para proteger a las verdaderas víctimas, son aprovechadas por personas indecentes para obtener beneficios a costa de todos.