El Partido Popular, en su enésimo viaje al centro, en ese viaje hacia ninguna parte, se equivoca gravemente. Erra en el diagnostico y sigue sin darse cuenta, sigue sin querer ver, que su reciente varapalo electoral, no es achacable a su intención de “recuperar principios y valores”, cosa por otro lado bastante complicado, pues uno solo puede recuperar aquello que tuvo en algún momento. No se puede recuperar lo que nunca has tenido, pero eso sería objeto de otro debate.

Pablo Casado, que género cierta ilusión, ciertas expectativas que pronto se tornaron decepcionantes, promete una nueva estrategia, un viraje al centrismo, su posición natural.

Entendemos que con este cambio de estrategia, de posicionamiento, da por terminado ese breve periodo de tiempo, donde querían volver a ser “el partido popular de siempre”. Bueno saberlo, sobre todo para los incautos que siguen creyendo que el Partido Popular es el portador de las esencias más puras de la nación española.

Pablo Casado llego tarde y mal a la Presidencia de un partido popular, falto de principios y valores, y sobre todo, falto de un rearme ideológico que carece desde su fundación. Cierto que no les ha ido mal. Se convirtieron en una maquinaria bien engrasada de ganar elecciones y también de corrupción generalizada. Un modelo carente de todo principio, vacío de contenido ideológico y donde cabía o cabe casi todo o casi todos. Pablo Casado que prometió una regeneración que nunca llego, adornándose con palabras bonitas y grandilocuentes, pero huecas y vacías de contenido. Se limito a recolocar a muchos de los inútiles ex ministros de Mariano Rajoy y nunca escenifico una ruptura con el ex presidente, sino más bien un modelo de partido continuista sin nada nuevo que aportar. Incluso las caras jóvenes de la organización, eran ya caras viejas y sobradamente conocidas.

Sin darse cuenta, a Pablo Casado le hacen la cama y le marcan el paso, los mismos que se lo quieren cargar y que ahora le dicen cual es la nueva estrategia a seguir. Este dejarse enmendar la plana de forma continua por un Núñez Feijoo, adalid del nacionalismo Gallego y que entre otras cosas sigue sin explicarnos de una forma creíble y convincente, su extraña decisión de no participar en las primarias del partido a la presidencia de la organización, permitiéndose el lujo de puntualizar a Casado en toda declaración que este realiza, la opacidad caciquil de muchas de las decisiones tomadas, las políticas continuistas de Aznar y Rajoy, apelación a un voto útil que ya no es creíble y que no es percibido como “útil” por gran parte de la sociedad, y sobre todo y muy importante, aceptar como propias, muchos de los principios del Sorayismo más rancio, son solo algunas de las claves para entender el desastroso resultado electoral del Partido Popular, en la pasada cita electoral.

Pablo Casado, en lugar de tomar buena nota de todo esto, decide que lo correcto es que el partido vuelva a la senda y al camino dejado por Mariano Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría y Núñez Feijoo. Casado se equivoca gravemente y aunque ahora piense que hace lo correcto, su futuro éxito, si es que lo tiene, será efímero y pasajero. Desea volver a las políticas de engaño e insulto a su propio electorado, intentado rememorar los éxitos de Rajoy, sin darse cuenta que el partido popular ya no es creíble y que la victorias abrumadoras de Rajoy y su posterior política de asumir la políticas de la izquierda, lo que ellos creen que es la moderación a la que ahora desean regresar, son las culpables de que el partido popular haya perdido toda credibilidad. Si a eso le sumamos, que para gran parte de la ciudadanía, ahora existen otras alternativas, el partido popular tiene un futuro incierto, sin un sitio definido y con una posición muy difícil. A Casado se lo cargaran los mismos que le están asesorando y los mismos que han conseguido que la prometida regeneración quede en una broma de mal gusto.