El padre Calvo reflexiona sobre la celebración del 18 de julio en Santander y la negativa de un párroco a mencionar en la misa los nombres de Franco y de  José Antonio "para no ofender" a otros creyentes...

  

Organizado por la Asociación Patriota de Santander, el 21 de julio, Dios mediante, se celebrará una Misa por el eterno descanso de dos grandes patriotas españoles, Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera, en la Iglesia de San Francisco.

Rezaremos por ellos, ya que el sacerdote no quiere mentarnos, pues “herimos la sensibilidad de los demás creyentes”. ¿Y no hieren “la sensibilidad de los leales” los nombres del Papa y de su Obispo diocesano…?

A continuación, llevarán las coronas hasta la Cruz de los Caídos, situada en la Plaza del Obispo Eguino y Trecu, junto a la Catedral, acompañados de la Banda Musical Los Desemparados.

Ante la imposibilidad de poder asistir, para no dejar desatendidos a sus feligreses, y anteponiendo el deber a la devoción, el Padre Calvo ha enviado el siguiente escrito a los camaradas de Santander:

 “Admirables y patriotas camaradas: Recibí vuestra fraternal invitación a la conmemoración del 83 Aniversario del Glorioso Alzamiento Nacional del 18 de Julio del 36, y que yo celebro solemnemente el 20-N en León capital, como Capellán de los Falangistas Leoneses.

Os tendré muy presentes el 18 de Julio en la Misa, ya que sabéis de mis obligaciones parroquiales, que no me permiten ausentarme de mi Parroquia.

Pero sí os aliento una vez más a continuar con esa celebración Gloriosa, por gratitud, historia imborrable y de estricta justicia impagable.

Ya hice la crítica acerba en su día, de esa cobardía clerical que omite mencionar los nombres de Franco y de José Antonio Primo de Rivera, como quién lejos de enaltecerles, se avergüenza de sus virtudes heroicas, del triunfo de la Verdad católica contra los enemigos de Dios de las Patrias, para diluirse en ese magma de relativismos pluralistas, separatismos, traiciones de Judas, cobardías de Pedros y pasotismo de Pilatos vividores, así como ingratitudes hediondas que degeneran el estado moral actual, hasta límites inimaginables para los hombres de aquella generación cívico-militar que nos salvó de lo más catastrófico para un país y de lo más abyecto para un destino de humanidad concebida en lo natural y en lo sobrenatural.

¿Qué entiende ese Párroco por “herir sensibilidades de los demás creyentes”? ¿Es que el sentimiento está por encima de la razón? ¿Es qué la vergüenza de la derrota de los enemigos de Cristo es objeto de veneración, en nombre de un falso respeto…?

¿No será que lo que les hiere es la irracionalidad, ya que la verdadera justicia y el heroísmo virtuoso de la historia es el que enarbola las banderas de Cristo? Yo no mentaría los nombres del Papa ni del Obispo diocesano, “para no herir las sensibilidades de los demás patriotas católicos presentes en esa Misa.

¿No será que la diabólica masonería irredenta está dinamitando la verdad histórica hasta querer falsificarla, por no poder aniquilarla en la nada?

Ni siquiera Dios puede anular lo que ya ha existido.

¿Y qué clase de “creyentes” son esos que se avergüenzan de su fe católica (pecado contra el primer Mandamiento), salvada gracias a la sangre, el sudor y lágrimas de quiénes dieron su sangre por salvarla de la tiranía comunista…?

  Franco reedificó los destruidos templos en que ahora podemos celebrar la Liturgia eterna de la catolicidad, recuperando nuestra identidad de la España secularmente católica, evangelizadora de medio mundo, martillo de herejes y luz de Trento en aquel Imperio mundial que duró casi dos siglos.

Un vergonzoso argumento es ese de la “sensibilidad”. Cada quien puede tener lo que le da gana, pero operatividad psíquica subjetiva nada tiene que ver con la razón ni con la voluntad; tres estados psíquicos irreductibles entre sí. Taparse con eso del "sentimiento" es de lo más zafio, sofístico y absurdo filosóficamente, cuando no responde con la razón histórica incontestable: cobardía imperdonable e injusticia antipatriótica intolerable.

La estupidez humana no es infinita, pero sí es… ¡indefinida!