La primera vez que escuché a Hilary Clinton llamar “deplorables” a los votantes conservadores supe que había perdido las elecciones.

Estaba clarísimo que le había proporcionado al adversario un calificativo redondo, que el otro no podía desaprovechar. Eso mismo le ocurrió a la Sra Cifuentes, cuando se enteró que el autobús de Hazte-Oir había circulado por Madrid, se lanzó a tumba abierta a tildarlo de “impresentable”.

Y la pasada primavera la misma Sra Cifuentes enseñaba públicamente un acta, todavía no aclarada y que no debió presentar por esa razón: porque era impresentable.

Pues bien, en España se venía notando la existencia de muchos de esos a los que los políticos de la cuerda de Hilary llaman “deplorables” e “impresentables” y encima este verano se les han añadido los disidentes, personas que defienden la Unidad frente a la fragmentación; que prefieren un estado central fuerte y no diecisiete gobiernos autonómicos, ( peleando cada uno para que su porción de queso sea mayor que la de el vecino).

Se escuchan voces críticas frente a una Ley de Memoria Histórica cuyo último objetivo es condicionar los recuerdos de cada individuo, surgen escritos de profesores, de historiadores, escritores, advirtiendo los perjuicios que conlleva aceptar que una Comisión de la Verdad determine cómo se debe estudiar ese pasado que nadie, absolutamente nadie puede cambiar, tanto a nivel de conjunto histórico como a nivel individual.

Si todos decidiésemos cambiar nuestro pasado familiar por el de la familia Pujol, (me refiero a los Pujol de D. Jordi) la consecuencia inmediata sería que cambiaría substancialmente nuestro presente e incluso el futuro de nuestros bisnietos. Cada persona lleva su pasado a cuestas, como un viajero su mochila y es el que es.

Lo mismo les pasa a las naciones, lo que ocurre es que tanto las luces como las sombras del pasado, se tienen que asumir entre todos. Y deben estudiarse en profundidad, atendiendo al momento en que se produjeron, barajando factores sociológicos, económicos, políticos, etc y ,¿cómo no?, teniendo muy en cuenta las decisiones e intereses de los demás países.

Nunca ocurre nada por que sí, sin más, todo depende muchísimo de a qué potencia le interese que se produzca una revolución en otro país, o simplemente desestabilizar para recoger las nueces. Lo cierto es que en esta dictadura de lo políticamente correcto discrepar acerca de la conveniencia y utilidad de la citada LMH; o pensar que la violencia sobre las personas es igual de reprochable y debe ser igualmente castigada la ejerza un hombre sobre una mujer o una mujer contra un hombre, cuando las víctimas sean padres, hijos, o hijastros; no ser partidario de la actual Ley de Aborto, o considerar que no se debe adoctrinar a los niños desde el colegio en lo relativo a LGTB, te convierte ipso-facto en un disidente.

Cada dictadura, a fuerza de imponer persiguiendo, crea el embrión de su disidencia interna, así ocurrió en Hungría, Polonia, La URRSS, y no digamos la República Alemana del Este, (que se autodenominó “democrática”) muchos murieron por salir y nadie por entrar.

El día 15 de julio pasado, acudieron miles de personas al Valle de los Caídos, de diferentes tendencias políticas, incluso muchos que lejos de atenerse a unas determinadas siglas o partidos, simplemente quieren seguir pensando libremente y expresarse sin cortapisas, personas que padecieron una censura y no quieren ahora someterse a otra, y cuando se junta todo eso un día, en un lugar y a una hora es que ha nacido la DISIDENCIA.

SI QUIERES LEER TODOS LOS ARTICULOS DE ROSA Mª PINCHA LA IMAGEN

ROSA_MARIA_pp