"Tejero es malo, la democracia es buena, el Rey es nuestro padre, los niños se van a la cama a las ocho…” En el ocaso del 23-F que dio paso a la alborada de la traición, una mano anónima y perspicaz, una mano guiada, sin duda, por las pulgas de la pelliza de Viriato garabateó apresuradamente en las paredes de Madrid la frase entrecomillada que encabeza estas líneas. Su lacónica sencillez y lo acerado de su filo son hermanos de aquella voz de la fábula que se atrevió a gritar, por encima del coro de aduladores. “el Rey va desnudo”.

 

El Rey desnudo, como Boabdil el Chico, lloriqueaba por los jardines de Palacio porque sus hombres habían cumplido sus órdenes con precisión matemática y disciplina espartana. El Rey desnudo gimoteaba como Fernando VII y Carlos IV en Bayona ante las botas de Napoleón porque, al igual que aquel par de borbones traidores, también él veía temblar la Corona sobre la felonía. Lloraba y gimoteaba porque sus hombres habían cumplido sus órdenes… hasta que el jefe de la vanguardia descubrió la traición implícita en toda la operación, incluyendo en un gobierno de coalición socialistas, comunistas y separatistas (embozados entonces de nacionalistas). Y como en Rocroi y en Baler, no claudicó, no aceptó el cambalache de la traición y rechazó entronizar en el gobierno a los herederos políticos de los que ya habían destrozado a España y a los hijos ideológicos de los que hicieron del odio a España su puchero personal y su herramienta política. La Historia y el tiempo le han acabado dando la razón a aquel jefe de la vanguardia del 23 de febrero de 1981, el Teniente Coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero Molina.

 

En 1898, España perdió sus últimas provincias imperiales. Después del 23-F emprendimos el camino de regreso a 1898, porque en virtud de la traición perpetrada aquel día de febrero de 1981 España está a un paso de perder sus provincias peninsulares de Cataluña, Vascongadas, Baleares, Valencia y Navarra. Nosotros no vivimos la pérdida imperial, estamos viviendo el ocaso de la Nación colaborando, pusilánimes y cobardes, con el Sistema y los gobiernos que después del 23-F le entregaron la Patria a los que la quieren mutilar.

 

Pero dormid tranquilos. Seguid acunando vuestros sueños en la placidez del “dolce far niente” porque como bien sabéis desde el 23 de febrero de 1981: “Tejero es malo, la democracia es buena, el Rey es nuestro padre y los niños se van a la cama a las ocho”. Mañana, cuando despertéis, España ya no estará. ¡Qué importa, qué más da! si seguiréis teniendo urnas de metacrilato y reyes de opereta.