Cuando el Orinoco se desborda en sangre, cuando el socialcomunismo bolivariano ha convertido Venezuela en una llaga y a nuestros compatriotas venezolanos en el pus que rebosa e inflama los labios de esa herida hispana, no cabe más que preguntarle a los tontos útiles del chavismo, a los palmeros idiotizados por el marxismo y sus crisálidas, si de verdad conocen el comunismo tal y como, tras haberlo mamado y ejecutado en España, con la conciencia colmada de espanto y entre los escombros de la derrota, llegó a preguntárselo a sí mismo Enrique Castro Delgado, fundador y comisario político del V Regimiento: “¿Conocéis a los comunistas? No. Para conocerlos bien hay que escucharlos para no dejarse envenenar, hay que mirarlos día y noche hasta llegar a lo hondo de cada uno de ellos, donde otros hombres tienen el alma. Hay que ver su socialismo a través del hombre y no de la propaganda ni la estadística. Yo los conocí mirándome a mí mismo”. Fue entonces cuando la devastación mudó en espanto, y el espanto en arrepentimiento estéril.

 

El cantamañanas de la Moncloa y su banda de opulentos traidores del PSOE dicen ahora que Nicolás Maduro no es socialista, es un tirano. Esta inmundicia intelectual que anida en Ferraz, donde todos ellos aún están en el parvulario del buenismo hipócrita y de la tolerancia suicida, ignora que socialismo, comunismo y tiranía son sinónimos desde 1917 hasta nuestros días, desde el Soviet de Petrogrado hasta Caracas, desde Lenin a Nicolás Maduro, desde Pekín al Muro de la Vergüenza, y desde los campos de hielo de Siberia a los osarios de Pol-Pot en Camboya. Eso es el socialismo real, eso es el comunismo cuando pasa de la abstracción filosófica y del platónico mundo de las ideas a la fiebre de la carne, al dolor de la sangre y al sudor de los hombres esclavizados, colectivizados en un mundo de acero y de hielo donde el alma es un delito y la conciencia un crimen.

 

Eso es el comunismo, eso es el socialismo, ¡imbéciles!, la más feroz tiranía que el hombre haya urdido jamás para encadenar al prójimo fusilando su espíritu con la mentira y troquelando su cuerpo con la tortura. Eso es hoy Venezuela porque hace veinte años la Internacional del Crimen y el Robo (la Internacional Socialista) bendecida en Occidente por las urnas, la propaganda y el capital financiero, recibió entre espasmos orgásmicos, como lo hizo en 1959 con el Che Guevara y Fidel Castro, a Hugo Chavez y a su putativo hijo Nicolás Maduro.