Pedro Sánchez se ha convertido en el nuevo presidente del Gobierno tras conseguir la investidura con la adopción de la moción de censura por 180 votos del Congreso. De ese modo, el Gobierno de Mariano Rajoy ha caído directamente frente a una amalgama de numerosos pactos que se han tenido que producir, aunque no se conozcan, pues en la política española nadie regala aquello por lo que puede cobrar.

Mariano Rajoy tenía una única opción para detener la moción de censura tras el inicio del procedimiento: dimitir. Si él hubiera querido, tras la embestida jurídico-política de Pedro Sánchez habría controlado los tiempos en el cambio de Gobierno haciendo lo que le correspondía, que no era otra cosa que dimitir por una sentencia que, aunque no le condenó penalmente, si le condenó políticamente en un momento en el que las exigencias morales impuestas por los nuevos partidos políticos son singularmente altas, aunque no haya dirigentes públicos novatos que puedan cumplir esas exigencias.


Hay que destacar que algunos juristas consideran que la dimisión de Mariano Rajoy no habría frenado la tramitación de la moción de censura. Por poner un ejemplo, se puede decir que Antonio Torres del Moral indica que permitir la dimisión del presidente del Gobierno con esa finalidad es un fraude de ley. El problema es que el razonamiento no es totalmente coherente con la regulación actual de la moción de censura.

La Constitución, en su artículo 115, establece que la propuesta de disolución de las Cortes Generales no podrá presentarse cuando esté en trámite una moción de censura. Sin embargo, la misma norma no prohíbe que se produzca la terminación del procedimiento por dimisión del presidente del Gobierno, de modo que se pueden plantear dudas que pueden resolverse fácilmente.

 

Debe tenerse presente que la Constitución indica, en su artículo 113, que el Congreso podrá exigir la responsabilidad política del Gobierno mediante la aprobación, por mayoría absoluta, de la moción de censura. En todos los casos, si el presidente del Gobierno dimite antes de la terminación del procedimiento, habrá reconocido y asumido automáticamente la existencia y las consecuencias de su responsabilidad política, de modo que la moción de censura debería dejar de tramitarse por haberse alcanzado el objetivo, que es lograr la dimisión del artículo 115 de la Constitución, sin que sea necesaria la votación.

Mariano Rajoy tuvo en su mano evitar la aprobación de una moción de censura que ha terminado quebrando la democracia. Si hubiera convocado elecciones al publicarse la sentencia de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, habría conseguido que se pudiera escuchar a la voz de la ciudadanía, que debe hablar en estos momentos.