Después de enfatizar tanto que se trata de Género y no de Sexo, de que las diferencias y sus concurrentes diversidades están en la mente y no en el cuerpo, y después de crear el exclusivo neolenguaje inclusivo, las minorías que se proclaman mayorías, los peores que se creen mejores, siendo notorios en lugar de notables, lo reducen todo a una política de ropa interior, disfraz vacuo de una política del Sexo, por el Sexo y para el Sexo.  

Porque no otra cosa es el adoctrinamiento en las aulas a niños impúberes sobre la práctica del Sexo en sus diversas modalidades, presentadas las mismas como equivalentes psicológica, social y moralmente, de hecho como un surtido de productos de mercado para la libre elección del consumidor. 
 
Quieren convertir a niños y niñas naturales en hombres y mujeres objeto, intercambiables, puro decorado en la gran Bacanal de un Estado que se erige en Padre y Madre de todos y todas.
 
La Heteronormatividad, esto es, en llano castellano, la normalidad, debe ser derrotada haciendo apología de las excepciones a la norma, las más de las veces interminables excepciones aberrantes, más fruto de una fantasía esquizofrénica que de un recto entendimiento.
 
No es el Género, sino el Sexo, lo que está en el centro de estos debates artificiales generados por el marxismo cultural y sus teorías con minúsculas mayúsculas.
 
No es, por tanto, la igualdad de derechos, sino la igualación en unas costumbres nuevas que hagan girar la vida en torno al Sexo, lo que mueve a estos "movimientos". Una sociedad hedonista, en el peor sentido del término, que habría avergonzado a Epicuro, es una sociedad materialista, una sociedad sin horizontes ni ideales, en la que los eslóganes fáciles digeribles para la conformidad, (estudiada por Asch), el espíritu grupal, (estudiado por Sheriff), y la obediencia a la autoridad, (estudiada por Milgram), sean los motores de la igualdad en la ramploneria más zafia.
 
Disponer de un PIN Parental supone la posibilidad, para los padres, esos acaso ignorantes en muchas cosas pero versados más que ningún otro en lo que atañe a su paternidad, de no hacer pasar por el aro de la polisexualidad como bestias de circo o monos de feria amaestrados a sus hijos. 
 
El ser humano aspira a elevarse por encima de su animalidad con la cultura, de modo que seamos personas, de sexo masculino o femenino, dotadas de dignidad y por tanto libres, no marionetas de totalitarios que nos adoctrinen en Sexo para rebajarnos a animales sexuales. 
 
La guerra cultural de la Nueva Izquierda es una guerra genital contra la propia cultura. La verdadera cultura reside en el órgano situado más arriba del cuerpo, en el cerebro, templo de la mente, y muy especialmente en su lóbulo frontal, muy por encima  y muy por delante de las bragas, los calzoncillos, los tangas y las braguetas.
 
Cojan el ascensor de su cuerpo, señores, señoras y señuelos de la izquierda: desde el ático hay unas vistas inmejorables.