¡Cuánto odio encierra el tweet (¿o se dice tuit?) de Nuria de Gispert Catalá! Es del tipo de humor grosero y zafio que suelen usar los independentistas catalanes para insultarnos al resto de españoles con ánimo ofensivo y denigrante. No es algo aislado. Yo tuve un pobre bobo de baba catalán como compañero de equipo que, en un entrenamiento, apareció un día con una camiseta en la que se veía un monigote tirado en el suelo presa de un ataque de risa y la siguiente frase: “¿Español yo? Ja, ja, ja, ja”. Son así de simpáticos, qué se le va a hacer.

 

Esto viene a cuento porque Nuria de Gispert lanzó un tweet, que más tarde retiró, que decía: “Girauta a Toledo, Arrimadas a Madriz (sí, con zeta), Millo a Andalusia (tal cual), Dolors Montserrat (esta vez sí lo escribió bien) a la UE”. Debajo el logotipo de PORCAT, la Asociación Catalana de Productores de Porcino, y más abajo, escrito en catalán: “Cataluña aumenta sus exportaciones”. En pequeño, otra frase: “Según el observatorio del porcino, Cataluña mantiene la tendencia a aumentar las exportaciones”.

 

Se debió creer la mar de ingeniosa Nuria de Gispert, a la cual me niego a llamar señora por el respeto que las señoras me merecen. Debió pensar que se iba a hacer viral su muestra de catalanismo del bueno. Algo ocurrió una vez lo hizo público, que provocó la retirada de su gracieta y dijo: Nunca he querido llamar cerdo a nadie. Me duele que haya mucha gente que haya querido verlo así. La composición a la que se hace referencia no es mía”. ¡Vaya hombre! Qué manera de excusarse. Resulta que a Nuria de Gispert le duele que la malinterpreten. Haber insultado, vejado, denigrado y ridiculizado a cuatro personas no le inquieta lo más mínimo. El problema, para Nuria de Gispert, es sólo que no la capten en su esencia y se queden con la superficialidad. ¡Pobre incomprendida!

 

Me gusta informarme acerca de las personas sobre las que escribo y, tengo que confesarlo, me han sorprendido los datos biográficos que he encontrado. Nuria ha recibido varias condecoraciones a lo largo de su carrera profesional: la de San Raimundo de Peñafort, que premia los méritos de los que intervienen en el cultivo y aplicación del estudio del Derecho en todas sus ramas; la Cruz al Mérito al Servicio de la Abogacía Española; y la Medalla del Colegio de Abogados de Barcelona. Además, es miembro de la Academia de Jurisprudencia y Legislación de Cataluña. Es decir, no cabe duda de que sus compañeros de profesión han reconocido su valía profesional, y no seré yo quien les critique por ello. Seguro que profesionalmente ha debido ser acreedora a dichos reconocimientos.

 

Con esos antecedentes, me cuesta trabajo que el estilo que ha demostrado tenga relación con su profesión. Sinceramente, creo que vendrá de otro lado. He buscado algún dato familiar por si ahí pudiera encontrar alguna pista. ¡Por ahí, mucho menos! Es hija de quien fuera Decano del Colegio de Abogados de Barcelona. Su tatarabuelo fue uno de los fundadores del Banco de Barcelona, y su tatarabuela, Dorotea de Chopitea de Villota, nacida en Chile, fue declarada venerable por San Juan Pablo II en 1983 y se encuentra en estudio su beatificación. ¡Ya ven! De lo mejorcito de lo mejor de la sociedad barcelonesa. Cuesta trabajo creer que aprendiera tan criticables comportamientos en su entorno familiar. ¿Dónde entonces? Vaya usted a saber. ¿Sería en el entorno político independentista en el que se ha movido? La verdad, es que ya es lo de menos.

 

Concluyo enseguida. Me voy a guardar las palabras que me vinieron a la cabeza cuando tuve noticia de su ocurrencia. Ni tan siquiera voy a hacer un comentario sobre su aspecto físico, que sería muy fácil. Además, para eso ya tendrá ella sus espejos que, como se sabe, nunca mienten. Pero me imagino su interior… y eso sí que no me lo callo. ¡Qué fea debe ser por dentro!