En momentos de peligro in extremis se pronuncian frases afortunadas, capaces de remover los ánimos y de hacer salir lo mejor de cada uno. La España que emergió, en forma de abanderados balcones, hubiese sido imposible de ver sin aquellas geniales palabras previas: ¿Dónde estás España que no te veo?.

Ese fue el auténtico “chupinazo”, la consecuencia: fachadas de inmuebles exhibiendo los colores rojo y gualda, en clara demostración de que no estamos dispuestos a que nuestra gran nación se fraccione. Ahora nos encontramos en las semanas del Adviento, eso significa que la cristiandad se prepara para el Gran Nacimiento que, como cada año, celebraremos la noche del 24 de diciembre.

Por esa razón son días propicios para colgar balconeras con imágenes alusivas al nacimiento del Niño Dios y a la Sagrada Familia, en respuesta inequívoca a esos partidos e instituciones que vienen procurando tenazmente eliminar la esencia de la Navidad, para conseguir reducirla a luces, cajas, lazos y las consabidas “nuevas” fragancias, una temporada más cítricas y la siguiente más dulzonas.

No seamos ilusos, una vez vaciada la Navidad de su profundísimo contenido religioso y cultural, el montaje de luces y escaparates es tan endeble como un castillo de naipes, presto a desmoronarse al más leve soplido. Los cristianos no podemos limitarnos a celebrar una pascua con minúscula, sin acudir a ningún acto religioso, sin asistir a conciertos corales de música tradicional; renunciando a colocar belenes y a cantar villancicos, pues eso supondría que en cuestión de dos o tres lustros todos los síntomas externos, que hoy todavía nos toleran, también habrían sido totalmente erradicados de Europa. Una vez desaparecida la esencia verdadera de la Navidad, es muy fácil prescindir de luces aduciendo los costes, o la contaminación lumínica, suprimir el cochinillo para no ofender la sensibilidad de los musulmanes, el cordero por no herir a los animalistas y las gambas a los protectores de la fauna marina, o sea nos permitirían, en el mejor de los casos, cenar sopicaldo de pastilla, sin añadirle pasta de fideos, ni estrellitas, por aquello de “guardar la línea”. La corrección política ha sobrepasado todas las lineas imaginables de totalitarismo dogmático y los tres pilares básicos de la cultura europea se ven permanentemente atacados: la romanización, la cristianización y el derecho romano.

 

Es evidente, que un individuo desprovisto de idea de Dios, de Patria y de Familia, pierde la noción del principio y el fin de sus actos, se convierte en un ser desenraizado y por tanto mucho más maleable y proclive a recibir, sin el menor rechazo, cuanto se le quiera imponer desde los medios de comunicación.

También es obvio que los cristianos del Sur y Occidente europeo paulatinamente hemos ido perdiendo el norte, pero no olvidemos que la estrella que guío a los tres Reyes Magos hasta el portal de Belén permanece ahí, dispuesta siempre a alumbrar nuestro camino. Nunca es tarde para recuperar la senda, somos cristianos y es tiempo de manifestarlo alto y claro, pero antes puede que tengamos que decir:

¿Dónde estáis cristianos que no os vemos?