De muy poca vergüenza ha de estar uno dotado para, ante la dolorosa situación de 100.000 personas que este octubre ha aumentado el paro en España, se diga públicamente por el ministro de Fomento, que "las cifras son más positivas de lo que cabría esperar". Lo que no nos dice el señor Ábalos es en que datos se fijaba él para creer que los datos podrían ser peores. Sería bueno saber lo que esta gente en el último año y medio ha hecho en favor o detrimento de las posibilidades de empleo. También sería bueno llegar a saber de dónde este hombre ha sacado los datos para decir que "son mejores las cifras que hace un año". No se les cae la cara de vergüenza; quizás sea que al prometer o jurar el cargo, todos se dejan la vergüenza, por inservible, sobre la mesa donde reposan durante la ceremonia la Biblia o el Crucifijo.
 
 
A este caballero no se le asoma ningún signo de rubor en el rostro cuando asegura (2018: 52.195, parados más; 2019: 100.000, parados más) que los datos de este octubre, son mejores que octubre del pasado año. "Si cogemos la serie histórica estamos mucho mejor y si comparamos con años anteriores la tendencia es positiva". El señor Ábalos, para retorcer los testículos a la realidad, parece ser que se quiere referir a un mes de octubre del Pleistoceno, cuando habla de acogerse a una serie histórica.
 
Lo real, lo desalentador, lo que jode a cualquier ser humano, es ver cómo 100.000 compatriotas, en un solo mes, ha ido con sus necesidades por cubrir al fondo del maldito saco del paro, y ya se verá hasta cuando. 
 
Estos mendas son de la misma indigesta pasta que aquel José Luis Rodríguez, socialista antecesor de esto que nos viene -si en España no se impone la reflexión, unida a la inteligencia y la razón-, cuando con esa carita tan... angelical 
 
(habrá quienes piensen que con gilipollesca mueca), presumía de "el Gobierno ha situado a España en la  Champion League de las economías del  mundo"  "por encima de Italia y a punto de coger a Francia".  Lo peor de todo es que como de eso, como de casi todo lo importante, no tenía la menor idea, se creía lo que le contaban sus asesores, gente reclutada de la "mejorcito de cada casa".
 
Noticia muy alejada (pero ¿que coño iba a saber él? como este) de la realidad cuando a las pocas fechas se nos echó sobre nuestras maltratadas espaldas, que debería haberles incluido a ellos con más razón, la crisis más dura que jamás haya vivido este país. Decenas de empresas desaparecidas y millones de trabajadores al paro. Consecuencia sumada, como pescadilla que se muerde la cola, a menos dinero cumpliendo con su obligación de circular a la velocidad necesaria por todos los puertos de la economía, tanto la macro, como la doméstica.
 
Opiniones como las del ministro de Fomento (servirá, digo yo, para algo más que esto)
 
desde la alta esfera gubernamental, dichas en el teatro de Manolita Chen, daría para un par de carcajadas; pero, para ser dichas desde lo alto de un gobierno de España, es como para que los españoles les corrieran, simbólicamente, a gorrazos calle arriba y calle abajo, hasta que los zapatos les echen humo.
 
El señor Ábalos, como a todos cuantos cobran de lo que los demás trabajamos, debería tener en cuenta -y ayudar a corregir- para no decir tontunas, que en este país el paro es el doble que la media de la Comunidad Europea; y que en Alemania, en recesión, el paro es cuatro veces menor que el nuestro. ¡No! Nuestro no; el que ustedes, los políticos con su falta de preparación en la mayoría de los casos, han ido dejando que se fuese coleccionando, porque sus dolorosas consecuencias no merman sus intereses personales.
 
Eloy R. Mirayo.