La Sentencia del Tribunal Supremo 119/2019, de 6 de marzo, establece once criterios para valorar el testimonio prestado por las mujeres que denuncien a quienes sean o hayan sido su cónyuge o persona con la que mantenga análoga relación de afectividad. Concretamente, para considerar como verosímil las declaraciones de la mujer será necesario observar: La seguridad en la declaración ante el Tribunal por el interrogatorio del Ministerio Fiscal, letrado de la acusación particular y de la defensa; la concreción en el relato de los hechos ocurridos objeto de la causa; la claridad expositiva ante el tribunal; el “lenguaje gestual” de convicción. Este elemento es de gran importancia y se caracteriza por la forma en que la víctima se expresa desde el punto de vista de los “gestos” con los que se acompaña en su declaración ante el tribunal; la seriedad expositiva que aleja la creencia del Tribunal de un relato figurado, con fabulaciones, o poco creíble; la expresividad descriptiva en el relato de los hechos ocurridos; la ausencia de contradicciones y concordancia del iter relatado de los hechos; la ausencia de lagunas en el relato de exposición que pueda llevar a dudas de su credibilidad; la declaración no debe ser fragmentada; debe desprenderse un relato íntegro de los hechos y no fraccionado acerca de lo que le interese declarar y ocultar lo que le beneficie acerca de lo ocurrido; debe contar tanto lo que a ella y su posición beneficia como lo que le perjudica.

 

Hay que tener presente que la resolución indicada señala que “Ante las líneas generales anteriores a tener en cuenta sí que es cierto, también, que la víctima puede padecer una situación de temor o ‘revictimización’, por volver a revivir lo sucedido al contarlo de nuevo al Tribunal, y tras haberlo hecho en dependencias policiales y en sede sumarial, lo que junto con los factores que citamos a continuación pueden ser tenidos en cuenta a la hora de llevar a cabo el proceso de valoración de esta declaración”, como son las dificultades de la víctima a expresarse ante el órgano jurisdiccional, el temor evidente al acusado y a su familia, el deseo de finalizar lo antes posible su declaración, el deseo al olvido de los hechos y posibles presiones. También destaca la sentencia que “los factores que el Tribunal añade respecto a su convicción de la declaración de la víctima y la credibilidad son los siguientes, que también deben añadirse a los siguientes factores a tener en cuenta a la hora de llevar a cabo ese proceso de valoración: 1. Se aprecia en la declaración de la perjudicada una coherencia interna en su declaración; 2. No vemos ánimo espurio de venganza o resentimiento que pueda influir en la valoración de dicha declaración; 3. Detalla claramente los hechos; 4. Distingue las situaciones, los presentes, los motivos; 5. Evidencia una falta de propósito de perjudicar al acusado; y 6. Discrimina los hechos que tenían lugar habitualmente, de los que no”, siendo necesario comprobar si hay prueba en sentido material, si estas pruebas son de contenido incriminatorio, si la prueba ha sido constitucionalmente obtenida, esto es, si accedió lícitamente al juicio oral, si ha sido practicada con regularidad procesal, si es suficiente para enervar la presunción de inocencia; y finalmente, si ha sido racionalmente valorada por el Tribunal sentenciador.

 

Ciertamente, la Sentencia del Tribunal Supremo 119/2019 constituye una buena guía para valorar las declaraciones de las mujeres denunciantes de violencia de género, aunque no aclara qué es lo que debe hacerse en los casos en los que concurran en el testimonio de la denunciante escasos elementos de los indicados expresamente, de forma que todavía queda mucho por hacer.