Nervioso es poco para cómo estoy tras ver a la gente coger el móvil y no soltarlo o despegarse de él en todo el día. Es evidente que todo ha cambiado, que es lo que se lleva, pero es impropio de una sociedad civilizada el cómo se interactúa entre individuos, ¿o sí es propio? ¿O acaso no somos una sociedad denominada “civilizada”?

Respuestas hay para todos los gustos, pero verdades solo hay una. Las relaciones entre personas, como se sabe, y como cuentan nuestros mayores, son más inestables que antiguamente. Y esto, lo podemos extrapolar a jóvenes y no tan jóvenes. La era de la tecnología móvil nos ha acogido a todos, y somos incapaces de establecer una conversación formal con una persona sin mirar el móvil, o estar, durante dos horas sin mirar el asqueroso aparato (que no deja de ser útil por hacer este calificativo).

También existen otras vías de comunicación como los correos (o emails según los más progres, que rehúyen constantemente de nuestra preciosa lengua). Cuando antes se usaba la carta formal y se recibía con gran satisfacción; ahora se envían mensajes WhatsApp o emails como rosquillas; total, ¡cómo no cuesta, para que voy a evitarlo! Y claro, el exceso, como todo en la vida, dilapida lo certero y satisfactorio que un hecho pueda conllevar. Si recibimos mil mensajes al día, ¿qué podemos hacer? Pues se aplica la regla, hoy en día, de que: respondo a quien me interesa y los otros, pues ya tendré un día para hacerlo.

Todo no es así como lo he explicado, hay excepciones; pero sí es verdad que hay una máxima que es la falta de educación y tacto en el trato de un mensaje. Uno puede no responder en el momento, pero los patrones comunes de lo que pasa hoy en día es lo siguiente, valorado en dos casuísticas:

  • Imposición de excusas, las cuales, solo de escucharlas y pensarlas, te mueres de la risa o de pena (según las hechuras que tengas).
  • No responder, jamás, ante un mensaje tan educado y tan afable como: “Espero que te vaya bien.”
  • Ante la crítica sobre los dos anteriores puntos, la respuesta suele ser: “Es lo que se suele hacer en estos casos”. Mi expresión ante esta respuesta: “Tócame los huevos”.

Amigos que fallan es la tónica habitual de las relaciones actuales, objetos de manipulación por el sistema de comunicación inevitable que es el teléfono. Ante esto, poco se puede hacer, sino valorar, quién pueda, eso sí, cómo actuar con cada mensaje (devolviendo siempre una respuesta, aunque esta se demore), o cómo atender a una persona correctamente en el momento de plena comunicación verbal, valorando que antes que cualquier estímulo del bicho móvil, está una persona que hay que prestarle respeto con una comunicación sincera y constantemente fijando la vista en los ojos de la misma.