Esta fue la frase que, en el Canto Tercero de la Divina Comedia, Dante Alghieri vio escrita en el dintel de la puerta del infierno. Otra similar debería figurar en cualquier carretera que entrara en la comunidad autónoma del noreste, cuyas instituciones públicas llevan lustros en poder de políticos desnortados, democráticamente elegidos por votantes a quienes previamente han intoxicado letalmente con mensajes de odio y ponzoña hacia España y cuanto tenga que ver con ella. El por qué es así lo explicó Beatriz Talegón en la conferencia Directes a la República el año pasado. Aunque su intención no era ésa, sino menospreciar con sus palabras a los españoles, dijo: "El programa más visto de la tele, para que nos hagamos una idea, dice mucho de los perfiles. Allí, en España, es Sálvame. Aquí lo más visto son los informativos". Y llevaba razón. Ese y no otro es el medio que utilizan para inocular su aberrante ideología supremacista: los informativos de las muchas cadenas públicas de televisión que emiten día sí, día también, a cualquier hora, y en distintos formatos, los mensajes diseñados para nublar la realidad y dibujar otra distinta.

Estaba en lo cierto la Talegón. El perfil allí, en Cataluña, es distinto al de aquí, en el resto de España. Esta semana, sin ir más lejos, hemos tenido dos ejemplos, que no por menores dejan de ser demostrativos del perfil de los de allí. Por supuesto, aquí no faltarán quienes los califiquen de anecdóticos, aunque a mi modo de ver, lejos de serlo, representan qué pasa por la cabeza de mucha gente allí. Uno es el caso de una profesora, cuyo nombre no se ha dado a conocer, y otro el de Elisenda Paluzie, portavoz de la ANC (Asamblea Nacional Catalana), entidad creada al margen de las instituciones oficiales, similar a la bolivariana Asamblea Constituyente venezolana, porque a ese nivel están allí.

Vamos con el primer caso. La docente portaba el reivindicativo lazo amarillo en la solapa, símbolo de quienes piden la liberación de los que a punto estuvieron de llevarnos insensatamente a una confrontación de magnitudes imprevisibles. Pidió a los niños que hicieran un dibujo y escribieran algo en el álbum de fin de curso. Una niña de diez años dibujó una bandera española y escribió "Viva España". No pudo soportarlo. Incapaz de contener su odio, porque eso fue odio y no otra cosa, zarandeó a la pequeña al tiempo que la recriminaba haber osado dibujar nuestra bandera, la de todos los españoles. Además, la expulsó ignominiosamente de clase al tiempo que rasgaba públicamente la hoja para demostrar al resto de alumnos qué les ocurre allí a quienes osen defender España. ¡Qué contentos, y seguro que satisfechos, tienen que estar los padres de los niños de allí sabiendo que sus ideales políticos están celosamente defendidos por personas así!

La Elisenda es otro caso. En una rueda de prensa se olvidó que el micrófono estaba abierto y se la oyó comentar cómplicemente sin perder la sonrisa a quien tenía al lado: "Qué desagradable aquella periodista... ¿de qué medio era? La morena. La española esta. Qué pesada, qué pesada. No te voy a dar el titular que quieres, borde". Como habrán interpretado, la clave no está en que la periodista fuera desagradable, pesada o borde. Tampoco en que fuera morena. No. Es que, ¡era española! Porque, no se olviden, allí, ser español, es un epíteto negativo que se utiliza para insultar. Allí se denigra, se persigue, se proscribe, y se prohíbe todo cuanto tenga que ver con lo español. A ver si los amantes de lo políticamente correcto se enteran de una vez.

Abandonad toda esperanza de que allí impere la cordura. A la Talegón la nombraron miembro del Consejo Asesor para el impulso del Fórum Cívico y Social para el Debate Constituyente. A la profesora, sin duda, tendrán pensado ascenderla hacia puestos de más responsabilidad acordes con su entrega a la causa, porque, tras investigar de mala gana el asunto, el departamento de Educación de la Generalidad sólo ha abierto un expediente disciplinario por falta leve. En cuanto, a la Elisenda, seguro que la destinarán a otros puestos más acordes con sus méritos cívicos. Por el contrario, recordarán que a un representante de la ley, le abrieron expediente por poner de manifiesto una realidad fácilmente comprobable, por decir que “república catalana no existe”.

Vuelvo al inicio, al Canto Tercero de la Divina Comedia. Dante debía entrar en el infierno, como tarde o temprano nuestro Estado de Derecho tendrá que entrar allí. No cabe echarse atrás. Dante no iba solo. Su acompañante, hombre prudente, le dijo: “Conviene abandonar aquí todo temor; conviene que aquí termine toda cobardía. Hemos llegado al lugar donde te he dicho que verías a la dolorida gente, que ha perdido el bien de la inteligencia”. Esto se escribió hace más de 700 años. Parece hoy. Y, por desgracia, Cataluña.