El Gobierno Vasco, con una nueva iniciativa en su caminar inflexible hacia la asfixia al ciudadano y a la limitación de sus derechos y libertades, en un impecable paso ligero hacia una sociedad absolutamente lobotomizada y abducida por las ideas separatistas, pone en marcha el monolingüismo en las relaciones administrativas desde y en los ayuntamientos euskerianos.

 

Desde que el Gobierno Vasco anunció que los usos sociales del euskera no han variado prácticamente desde hace treinta años por obra de un estudio realizado al efecto, ──y eso a pesar de los cientos de millones de euros (entonces pesetas) gastados, que no invertidos, en euskaldunización──, los nacionalistas acordaron que si no quieres taza te vas a tomar dos tazas.

Lejos de adaptar las políticas lingüísticas a las realidades, han incrementado la presión hasta el total agobio a los ciudadanos.

Recordemos que el euskera no es una lengua romance y que la dificultad de su aprendizaje y uso limita gravemente la capacidad de los ciudadanos de entender las comunicaciones en un código que Unamuno vaticinó la extinción para el bien del pensamiento y de la ciencia.

Y efectivamente desaparecerá porque las dinámicas de las lenguas tienen unas leyes internas que están intrínsicamente unidas a las relaciones prácticas de comunicación y más en un mundo globalizado. Las cosas son de otra manera de lo que quieren los sátrapas, pero, mientras tanto, se molesta a la gente con este tipo de comportamientos tiránicos. Para los nacionalistas estas políticas son vitales, pues hay mucha gente clientelizada por un vehículo perfecto para el tráfico de favores, y para la transformación cognitiva. Hay mucha gente que vive de esto.

 

Sabemos que este fenómeno de nacionalización de las masas no hay quien lo pare ya. Es un régimen perfectamente articulado para el control total y pleno dominio del ciudadano; y estas políticas se articulan con ingeniería de precisión.

 

Me refiero a un Decreto del Gobierno Vasco por el cual los ayuntamientos vascongados “podrán” dirigirse exclusivamente en euskera a sus administrados y podrán establecer entre sus funcionarios la comunicación exclusiva en la neolengua batúa, es decir en vascuence unificado.

 

Esto es un castigo en toda regla a los ciudadanos por hacer uso libre de sus prerrogativas como personas que se comunican entre sí como prefieran. Haciéndolo en la que es de general conocimiento y la que es de contexto, es decir el castellano o español, es un derecho protegido por la Constitución pese a que ésta ha sido vaciada en su contenido por los partidos que han pasado por el Gobierno de la Nación, traicionando a España y a los españoles. Lengua, por cierto, nacida en el occidente de esta tierra colonizada por los descendientes del racista Sabino Arana, que transita implacablemente hacia la independencia sin obstáculo, y con la colaboración esmerada de los socialistas.

 

Lástima que los ciudadanos hayan dejado de serlo y se hayan convertido en súbditos de un régimen totalizador. Lo peor de una sociedad convertida en sierva de la gleba es que no sea consciente de que su condición de conglomerado formado por hombres y mujeres libres ha dejado de serlo, y que el pensamiento libre ha dejado de tener esa condición.