"Nunca llueve a gusto de todos", dice el viejo refrán y nada tan apropiado al caso como los resultados de cualquier comicio electoral, especialmente los celebrados en cualquiera de las siempre sensibles, muy desconfiadas y poco éticas naciones mediterráneas. No se habían enfriado las urnas y ya circulaban, en las redes y en las páginas de la prensa digital de distinto pelaje, centenares de supuestas pruebas de que el 28A en España se habría dado un pucherazo monumental, zafio y desvergonzado. El pueblo supuestamente violado aportaba en las redes las "evidencias" a su limitado alcance - como conteos irregulares, papeletas dañadas a priori o sistemáticamente invalidadas, alteración de los censos electorales (algunos casos en verdad escandalosos) y una larga serie de irregularidades que huelga repetir porque ya las han listado y publicado numerosos medios nacionales y extranjeros. En el plano mediático - podrido y permeado como está por quien quiera que mande y ordene en subvenciones y avales bancarios - las reacciones se inclinaban en dos direcciones: Por una parte, la del sorprendente e inexplicable acierto final de Tezanos que, ya meses atrás, vomitaba cifras absolutamente dispares frente a las demás encuestas y que, mira por dónde, debió contar con la varita mágica de Harry Potter para que coincidieran, meses después, con las del resultado final - como si estuvieran "predeterminadas", vaya. Y por otra, la prisa, la histeria, la insistencia y la coincidencia de los medios "establecidos" en desmontar cualquier tesis de pucherazo, por documentada que ésta estuviere, y asegurar al electorado que "aquí no ha pasado nada". Todo ello mientras algunos partidos participantes iniciaban demandas de conteo manual ante el cúmulo de irregularidades que los medios no acertaban a silenciar. Pero había aún algo más que nuestras pobres mentes no alcanzaban a vislumbrar y era el nexo que siempre existe entre los políticos ganadores y quienes los financian con la vista puesta en futuros rendimientos. Un nexo que, por el momento, permanecía oculto.

 

No tardamos, sin embargo, en tropezarnos con George Soros, que desde meses atrás abogaba por un entendimiento entre PSOE y Ciudadanos, una entente que la Ejecutiva Nacional de C's había rechazado. A instancias de su mamporrero Luis Garicano, que fue a visitarle a Suiza a poco de conocerse la negativa de su partido, el pasado 20 de febrero George Soros tomó su avión privado y se plantó en Madrid con el fin de reunirse en secreto con Albert Rivera en el chalet de un conocido empresario en Somosierra. Según detallaba entonces un medio digital, citando fuentes de toda confianza, "A esa cena-reunión asistieron también los esbirros de Soros, el masón Manuel Valls, la presidente del Banco de Santander, Ana Patricia Botín, la socialista Cristina Narbona   Karima Benyaichembajadora de Marruecos en España, acompañada de Nadia Jalfi, esposa del diplomático y exdirigente del PP (acorralado por la corrupción), Gonzalo de Arístegui" (sic)  y añadía: " Nadia Jalfi trabaja para el servicio secreto de Marruecos, DGST, y está involucrada en la intermediación de diversas operaciones "muy turbias" entre el gobierno socialista, la Casa Real y el Reino de Marruecos." (sic). Casi nada. Menuda tropa. Pero por segunda vez - la primera fue su anterior visita secreta a Pedro Sánchez en Moncloa - asomaba la patita el viejo lobo Soros y su red político-financiera, junto con la del Santander y la del PSOE en secreto contubernio con Ciudadanos y con la extraña presencia de la embajadora de Marruecos, acompañada de la temible DGST marroquí, para conformar un cuadro que ni Da Vinci hubiera podido plasmar tan completo. Pero a nuestras pobres mentes de españolitos de a pie todavía nos faltaba adivinar, en caso de una tal entente político-financiera, cómo se movería el dinero, dónde estaba el rendimiento a medio y largo plazo.

 

 

Como por inspiración angelical, nos vino a la memoria aquella divertida película con Dan Akroyd, Eddie Murphy y Jamie-Lee Curtis - "Trading Places" - en la que dos usureros brokers neoyorkinos enseñan al novato que lo bueno de su negocio es que, "tanto si el cliente acierta con su transacción como si se arruina con ella, los brokers siempre ganan". Esa era la clave. El gran brujo financiero, George Soros y la Banca española, no tenían nada que perder en su apuesta por forzar sobre nosotros un Gobierno socialista, globalista, pro-europeo, favorable a la inmigración masiva, porque tanto si España ganaba con esta política como si se arruinaba con ella, ellos siempre ganarían. En otras palabras, ante la coyuntura de desaceleración económica europea y su reflejo en la economía española, no había nada que temer si se producía una nueva crisis - al estilo de la de Rodríguez-Zapatero - porque, ganara o perdiera España, perdieran sus ahorradores, desapareciera la poca clase media que aún queda, se estrangulara a los autónomos, subieran astronómicamente los impuestos, se fueran las pensiones al carajo, etc.etc. Soros y la Banca no perderían. Nunca lo hacen. No perdieron con Rodríguez-Zapatero cuando la Banca fue "rescatada" con el dinero de todos los españoles - un "rescate" que aún no ha devuelto - y no lo harían con Pedro Sánchez que, convencido de su impunidad financiera, ya está derrochando nuestro dinero a manos llenas, ya concede subvenciones a diestro y siniestro, ya decreta costosas reformas, ya endeuda a España hasta el cogote y ya hasta se dispone a comprar un avión de lujo que substituya al Falcon, etc.etc. Sánchez ya ha anunciado el futuro déficit de España a Bruselas, donde de momento sólo se felicitan por el éxito de esa socialdemocracia pro-europea en obediente línea con Macron y Frau Merkel. Una socialdemocracia, la de Sánchez, que arruinará a España, extinguirá lo poco que queda de la clase media y sumirá todos los españoles en una crisis de no te menees. Pero la Banca siempre podrá ser "rescatada" con nuestro dinero si las cosas se ponen muy feas. La Banca nunca pierde

 

Después de seguirle la pista al dinero, y por encima de los obvios abusos mediáticos de pre-campaña y plena campaña, y de los centenares de irregularidades, de manipulaciones censales, de sabotaje de papeletas, etc.etc., que constituye la única artillería del vulgo, se nos antoja importante sugerir cómo podría haberse efectuado la principal manipulación en un pucherazo en toda regla; algo sumamente fácil y asequible en estos tiempos de grandes avances tecnológicos. Y es que en el mercado - y sobre todo en las cloacas de todo país que se precie de maniobrero - existen un puñado de Sistemas de Conteo Electrónico, francamente eficaces, capaces de alterar en el sentido que convenga los resultados de cualquier votación electoral. Sistemas que suelen consistir en la interposición de un server (servidor) clandestino que recibe a priori los datos y escaneos de actas, los modifica a voluntad (por ejemplo, convirtiendo centenares y decenas de votos de ciertos partidos en simples unidades y decimales redondeados, mediante un algoritmo programable) y los rebota al server del Centro Oficial de Cómputos, que puede estar en la habitación de al lado, donde aparecen como si acabaran de ser transmitidos por las mesas de los colegios electorales. Esta operación es tanto más fácil cuando los delegados de los partidos en las mesas de votación no cumplen con su deber (como ocurrió con muchas mesas del PP cuyos delegados las abandonaron antes de tiempo para ir a cenar, u otras de VOX que carecían de delegado desde el principio). Este sistema de manipulación de votos - probado con gran éxito en algunas elecciones en Centroamérica - explicaría por qué VOX ha sacado muchos menos votos que los que vaticinaban sus propias encuestas privadas, o por qué de ciertos colegios electorales podrían haber salido muchos votos de VOX. pese a haber llegado al Centro Oficial de cómputo muy pocos de ellos - un fenómeno sorprendente si se tiene en cuenta que muchos delegados del PSOE, a poco de abrir los colegios, se mostraban aterrorizados ante la avalancha de gente pidiendo papeletas de VOX que, dicho sea de paso, nunca estuvieron suficientemente disponibles. Y es que cuesta mucho trabajo comprender cómo VOX sólo ha podido duplicar el número de escaños - conseguidos en Andalucía con tan sólo 300.000 votos - con los millones de votos obtenidos el 28A en todo el resto del país. ¿Ley D'Hondt? ¿Misterio? No, lagarto, lagarto...

 

Sobre las pasadas elecciones ya se está escribiendo mucho y todo nos hace pensar que se seguirá escribiendo a medida de que se vayan conociendo detalles que hoy por hoy aún siguen dentro del armario. Algunos de los comentarios podrán ser cotejables, otros puras elucubraciones, pero todos ellos, en esa ensalada de rumores, denuncias, hechos indiscutibles, fraudes comprobados y demandas de conteo manual más o menos sólidas, nos permiten en todo caso afirmar que "cuando el rio suena, agua lleva" y que estas Elecciones Generales del 28A 2019 han resultado ser marcadamente hediondas. La injerencia extranjera de George Soros y la proyectada colusión del globalismo internacional por cerrarle el paso a VOX y promover una coalición PSOE-Ciudadanos ha quedado claramente evidenciada, así como la aquiescencia y patrocinio de la Banca española al respecto, seguros todos ellos de que a los burócratas de Bruselas les beneficia un Gobierno de centro-izquierda, pro-europeo, vacío, dócil y dispuesto a arruinar a su propio país para después "rescatarlo" con la "ayuda desinteresada" del Banco Central Europeo, a costa de los ahorros de unos españolitos ingenuos que aún no se han dado cuenta de lo que les espera. Pobre España pobre.