La Unión Europea no es una alianza de pueblos libres cooperando; es un yugo. España es servil a Bruselas, sumisa a la arbitrariedad de esos tecnócratas. Y además tenemos un gobierno que negocia y pacta con separatistas. Por eso de nuevo se nos mean encima los Tribunales de la Unión Europea.  

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha reconocido que el Estado español vulneró el derecho a la inmunidad parlamentaria de Oriol Junqueras al no permitirle acudir a recoger su acta de eurodiputado electo, cuando estaba siendo procesado por delito de Rebelión.  

Más allá de los Pirineos, los etarras, los narcotraficantes y los golpistas catalanes han tenido el favor garantista de la Justicia europea siempre.  ¿Qué se puede esperar de esas oligarquías que propugnaron allá por 2004  la aprobación de una  “Constitución para Europa” que reconocía a la masonería, denostaba al cristianismo y se basaba en restar poder decisorio clave a cada Estado?

Nunca me fié de un andamiaje institucional “comunitario” que desde el Parlamento Europeo, hasta la Comisión o los Tribunales se construyen bajos los auspicios de oscuros mecanismos de ingeniería burócrata y pasteleos repugnantes entre caciques de partidos, bancos y elites empresariales.

De la Unión Europea, España ha recibido como tortazos envueltos en celofán, la derogación de la Doctrina Parot en 2013, que un gobernante melifluo y cobarde como Rajoy aplicó con fruición para excarcelar a etarras y violadores. En este caso fue el Tribunal Europeo de Derechos Humanos el que se meó en España. Y fue un gobernante estúpido el que acató una resolución que podría haberse pasado por el forro.

Con gobernantes ensimismados en la traición como Rajoy y otros, obcecados y criminales como Pedro Sánchez, es normal que España sea tomada a choteo por la Unión Europea, y que ahora el golpismo catalán reciba reconocimiento internacional y una vergonzosa proyección gracias a Tribunales extranjeros que destruyen nuestra independencia nacional.  

Los jueces alemanes de Schleswig-Holstein y Bruselas que protegen al fugado Puigdemont negando a España su extradición, han lanzando a la basura la cooperación judicial en que supuestamente se basa la “Unión Europea”. Con el capote que el Tribunal de Justicia de la UE ha echado a Oriol Junqueras, se consigue sabotear al Tribunal Supremo español y se deja claro que la pretensión de los gerifaltes de Bruselas es esquilmar todo atisbo de libertad y soberanía de España.

Y todo esto, esta factura humillante que está pagando España por ser un Estado débil que entró en la Unión Europea para ceder hasta las calzas, esta publicitando internacionalmente al independentismo catalán y preparando los arrojos para una próxima liberación de los criminales golpistas catalanes así como la inmunidad para los fugados.

Pedro Sánchez tiene poderosos valedores y aliados en la Unión Europea para blanquear y legitimar el proceso criminal de ruptura de España al que nos dirige. Formamos parte de un “club” construido artificialmente de espaldas a los pueblos de Europa para satisfacer fines globalistas de dominio social y exterminio cultural desde que la masonería de figuras tan marcadamente antieuropeas y anticristianas como el Conde Kalergi recibe tributo y reconocimiento.

La soberanía nacional española a nivel económico, agrícola e industrial fue cedida hace mucho tiempo para que nuestra economía sea hoy un solar desvaído sólo abonado al turismo de chancleta, a la deuda y a los pelotazos especulativos. La soberanía judicial y legal, última garantía de la libertad de los ciudadanos de una Nación, es reducida hoy a añicos ante nuestras narices.

La actual Unión Europea se revela así misma con más nitidez: es un proyecto de disolución de las Naciones libres que pretende convertirnos en un mejunje irreconocible y maleable para las élites globalistas.

El pueblo español debe movilizarse, reaccionar, en la calle y en las urnas, y desde luego jamás dar apoyo a los partidos políticos que con su complicidad y cobardía han entregado el destino de España a las manos extranjeras de quiénes no quieren –porque para sus ambiciones sería peligrosa- una España unida y fuerte como lo fue en su mejor historia pasada.