Ser eurodiputado es como que te toque el gordo de la Lotería Nacional… Prácticamente te soluciona la vida, sobre todo si ya tienes una edad, como don Javier Nart, y te has comido casi toda la cebada.

Con la dignidad y los principios no se pagan las facturas, pero al menos puedes andar por la calle y mirar a todo el mundo a los ojos.

Tenía una buena opinión de don Javier Nart, y profesionalmente la sigo teniendo, en su doble vertiente de periodista, comentarista, corresponsal de guerra, es decir un todo terreno de la información, y también como abogado.

Y hasta cónsul honorario de no sé qué país bananero, de esos consulados que te concede un amigo, y que, en ocasiones, hasta pueden “comprarse”…

Cuando leí, a principios del verano, que se marchaba de Ciudadanos, por discrepancias con la dirección nacional, pensé que era una persona digna, honrada, y que, obviamente, iba a dejar el escaño del parlamento europeo, y la verdad es que me extrañó mucho, sobre todo no por la canonjía que ello le suponía, sino incluso un Obispado, de los de antes…, pero mi gozo en un pozo.

Los medios de comunicación nos informan de que se queda con el escaño, no sé si bajo la disciplina de Ciudadanos, lo que sería un tremendo contrasentido, o actuando por libre, por su cuenta y riesgo.

Son cinco años de cobrar un dineral, con unos ingresos exentos de tributación en España, con un plan de pensiones específico, la posibilidad de conseguir múltiples relaciones profesionales, personales, políticas, etc., el derecho a poder nombrar a dos asistentes, uno en España y otro en Luxemburgo, sede del Parlamento, en fin, la biblia en verso.

¿Quién, en su sano juicio, dejaría semejante chollo, que digo yo, collazo?

En el caso español, el tribunal constitucional tiene declarado que el escaño es personal, no del partido, pero con un sistema de listas cerradas, bloqueadas, etc., todos sabemos que hasta un simio podría salir elegido diputado o senador, sin problema alguno, siempre que figuraba en los primeros lugares de la lista.

Y en el senado, dónde el voto es teóricamente personal –aunque en la práctica se vota a las siglas es decir a los partidos-, se ha demostrado sobradamente que las personas cuyos apellidos empiezan por las primeras letras del abecedario, tienen más facilidad para ser elegidos que los que figuran al final, en la z, por ejemplo. ¡Esto demuestra la “gran inteligencia” de nuestros electores!

Es evidente que la legislación y jurisprudencia española no es aplicable, al menos en su totalidad, al régimen jurídico aplicable al parlamento europeo, pero parece de justicia que si un partido te ha promocionado, pagado la campaña electoral, etc., lo lógico es que si dejas ese partido, devuelvas el escaño al partido en cuestión.

Lo contrario es, desde mi punto de vista personal, una estafa política, o, si lo prefieren, una apropiación indebida de algo que realmente no es tuyo, sino del partido.

Pero como los abogados podemos argumentar en un sentido y en el contrario, estoy seguro de que don Javier Nart, que es un excelente abogado, intentará convencernos a todos de que el escaño es suyo, de que los electores solo le han votado a él, única y exclusivamente, y que Ciudadanos solo pasaba por allí…

O, simplemente, pasará de todo, que a estas alturas de la vida, ya ha conseguido lo que quería: que le tocara la Lotería, en este caso no solo nacional, sino europea.

Pero además del Derecho, nuestras vidas deben regirse por la ética, y también por la estética. Y más en el caso de personas públicas, que deben ser ejemplares, o por lo menos no ser motivo de escándalo…

En fin, el verá lo que hace, y sus antiguos electores, también. Espero tomen buena nota de lo sucedido, y actúen en consecuencia, en el futuro.

Claro que eso a Nart ya le cogerá jubilado, y bien jubilado, con su pensión o pensiones españolas, y, previsiblemente, del Parlamento Europeo…

Y el que venga detrás, ¡que se joda!