Puede que al lector le sorprenda el titular de este artículo o que piense en la posibilidad de que se haya producido un pucherazo en las recientes elecciones. Aunque algunos escaños estén pendientes del recuento de actas. Veamos.

 

Me sorprende que con tanto analista, asesor y consultor político, que casi siempre trabajan para contentar al que les paga, pocos o ninguno hayan entrado con profundidad en la realidad de los resultados del PSOE y el alcance real del triunfo del PSOE. Y no, Sánchez no ha ganado las elecciones o mejor dicho las ha ganado con la ayuda de todos los demás. En realidad es una victoria mediática con pies de barro que, eso sí, le asegura, de momento, unos años en la Moncloa.

 

Los resultados del PSOE no se corresponden en realidad con la sensación de una victoria aplastante sobre los votantes que no apoyan a la izquierda. De hecho, la diferencia entre bloques es muy pequeña y en realidad estamos ante un empate técnico.

 

He escrito en varias ocasiones que Pedro Sánchez es un hombre con suerte –ahí está su carrera– con el que no jugaría a las cartas, pero también que es un hombre que construye su suerte, que tiene un olfato político especial para jugar sus cartas aprovechando su instinto para presentir dónde están los puntos débiles de sus adversarios, ya sean de su partido o de fuera. Y ahora va a jugar con el miedo de los demás (léase PODEMOS, PP y Cs) para gobernar en solitario.

 

He leído casi todos los análisis sobre los resultados publicados y he tenido acceso a algunos no publicados, mucho mejores pero de los que el PP me parece que va a prescindir por su estado de necesidad.

Me sorprende, reitero, la falta de rigor ante la valoración de los resultados del PSOE, o mejor dicho de las razones de esos resultados. El consenso, interesado, es destacar que el PSOE ha pasado a ser el gran triunfador al teñir de rojo todo el mapa de España; afirmar que ese triunfo ha sido posible por la dispersión del voto del centro-derecha, incluyendo siempre a VOX en ese espectro, en tres opciones, responsabilizando de la caída del PP, que pierde su hegemonía en no pocas provincias, a los votantes de VOX, pero procurando a la vez omitir o conferir una parte de esa responsabilidad al votante de Ciudadanos. Algo que resulta incongruente cuando un millón de votantes del PP se han inclinado por Cs.

 

Esta interpretación, habitual, solo es una parte de la verdad y no toda la verdad. Vayamos por partes. El PSOE ha ganado o ha conseguido ese plus de votos que se la ha dado merced a tres elementos:

-Primero, la incapacidad de PP y Cs para, en sus diez meses de gobierno, hacer una oposición eficaz al discurso de Sánchez. Le han dejado hacer y eso ha sido letal a la hora de conseguir los “votos de interés económico popular”; son los que han comprado que sus pensiones, sus derechos, la mejora de su situación… solo tendrán seguridad o avance con el PSOE. Son los que temían perder lo que tenían que consideraban poco, los olvidados del discurso del PP, VOX y Cs o al menos del discurso que ha trascendido.

 

-Segundo, la utilización del CIS, que trabajó para hacer creíble que Sánchez era la gran opción de la izquierda. El CIS consiguió crear un estado de opinión favorable. Hasta el punto que la Sexta se volcara durante bastante tiempo con Sánchez como mal menor. Ante ello la oposición se refugió en la chanza en vez de trabajar con ese escenario.

-Tercero, utilizar la estrategia Mitterand para dar espacio a VOX, porque si ese voto estaba contenido en el PP desde hace décadas era porque quienes habían intentado rescatarlo no tuvieron nunca espacio mediático para poder hacer llegar su discurso.

 

-Cuarto, porque la caída de votos de PODEMOS era la que realmente le podía dar a Sánchez la victoria que ha obtenido. De ahí que, aprovechando la situación interna, que también hay que analizar, de PODEMOS dedicó parte de sus 10 meses de gobierno a quitarle banderas ideológicas (género, memoria, feminismo y subvención). Sánchez y su equipo sabían que frenando la recuperación de voto que habitualmente experimenta el ya partido de Iglesias en campaña sería suficiente para que en unas 15 provincias el PSOE pudiera quedar primero, aunque fuera por poco, y por tanto aprovechar las ventajas que ofrece la ley electoral. Esos eran los 10-15 escaños que al inicio de la noche electoral podía perder el PSOE en el recuento. Escaños que casi con seguridad irían mayoritariamente al PP. Es decir que Sánchez se hubiera movido sobre los 110 escaños y el PP sobre los 80. Con lo que la situación hubiera sido 154-158 para PSOE-UP y 155-159 escaños para PP-Cs-VOX si UP hubiera recuperado más voto.

 

A ello hay que sumar lo que no era previsible, los errores de campaña del PP y de Cs. Mientras que el equipo del PSOE supo diseñar una campaña modélica y Sánchez no se salió del guión (tranquilo, moderado, superior, propositivo, sensación de estado y seguridad de triunfo), sus adversarios, PP y Cs, Casado y Rivera, hicieron unas campañas erráticas, sin objetivo fijo, cayendo en la trampa que Sánchez llevaba practicando durante meses de aceptar que fuera él quien marcara los puntos del debate político, conduciendo el debate hacía donde le interesaba.

 

PP y Cs perdieron la partida porque siguieron el guión de Sánchez. Solo Cs intentó modificarlo en la última semana, de ahí su recuperación. No supieron asumir que el adversario era Sánchez, que había que disputarle los “votos de interés” a Sánchez y ahí las meteduras de pata de Casado y su equipo fueron, a mi juicio, decisorias.

 

En realidad, Sánchez no ha ganado las elecciones, las han perdido los demás. Solo ha jugado mejor con una baraja con cartas marcadas. Mal van PP y Cs si siguen comprando, sobre todo el PP, la lectura habitual de los resultados echando la culpa a VOX. Sobre todo cuando dentro de unas semanas hay unas elecciones con características propias que matizan su interpretación como segunda vuelta.