En  el aniversario de la Constitución han vuelto a oírse las olas a la situación actual supuestamente democrática y contrapuesta al franquismo, cuando si a algo se contrapone la democracia es a la situación que hemos alcanzado por obra de partidos convertidos en verdaderas mafias.

 

   Una de los inventos más desvergonzados es el de “partidos constitucionalistas” en oposición a “los golpistas”.  La oposición real es entre partidos que defienden a España y los que la atacan. No existen tales constitucionalistas, todos son cómplices y auxiliares de los golpistas. De hecho lo vienen siendo desde la elaboración misma de la Constitución, como he expuesto en La Transición de cristal, acerca de lo cual se trata de mantener engañado al pueblo. España es una realidad histórica y cultural demasiado potente para ser liquidada de la noche a la mañana, pero desde entonces hemos asistido a un proceso tenaz por destruirla por dos vías: mediante un proceso de disgregación apoyando y financiando a los separatismos, y por un proceso auxiliar de disolución en la llamada Unión europea. El proceso se aceleró con la formación de un tercer frente popular por Zapatero, empeoró con el gobierno de Rajoy y está entrando en una fase ya sumamente peligrosa con el gobierno actual.

 

Así, en esta presunta democracia de imponen leyes totalitarias sumamente tiránicas como la de memoria histórica  y al parecer ¡no pasa nada! Se imponen leyes LGTBI que  niegan la familia, hacen de la homosexualidad la piedra de toque de la moral pública e intentan controlar no ya el pensamiento sino los mismos sentimientos de las personas ¡y no pasa nada! Se rescata a la ETA y se premian sus crímenes, convirtiéndola en una potencia política ¡y no pasa nada! Se homenajea públicamente a los asesinos separatistas ¡y no pasa nada! Se vacía del estado a varias regiones ¡y no pasa nada, todo es democracia!  Se declara amiga y aliada a la potencia que invade nuestro territorio en un punto estratégico clave ¡y no pasa nada! Se envían tropas a provocar o intervenir en asuntos completamente ajenos a nuestros intereses ¡y no pasa nada! Se promueve la sustitución progresiva del español por el inglés como lengua de cultura ¡y no pasa nada! Los políticos de una parte del país se declaran en rebeldía frente al estado y en lugar de ser destituidos y encarcelados se les permite mantener un golpe de estado permanente, ¡y no pasa nada! Una policía regional  apoya abiertamente el golpismo separatista ¡y no pasa nada! Se promueve una política simultánea de aborto masivo y de inmigración masiva, como si se quisiera ir eliminado progresivamente a los españoles ¡y no pasa nada! Un falso doctor vinculado familiarmente a la prostitución homosexual, con un gobierno no elegido  de tiorras perturbadas que creen que la maternidad es esclavitud y que  el amor entre hombre y mujer es un mal, festejan a diversos tiranos  y tratan de ultrajar los restos de Franco. Es decir, del hombre que no solo salvó la unidad nacional, que salvó a la Iglesia del exterminio y trajo de vuelta la monarquía,  sino que creó condiciones para una democracia estable y convivencial, y, una vez más ¡no pasa nada!  La corrupción se constituye en una seña de identidad de los actuales partidos ¡y no pasa nada! Podríamos seguir, pero en resumen, estamos en una democracia fallida por obra precisamente de los antifranquistas, que utilizan su farsante antifranquismo para proseguir su obra de demolición de España y de  la democracia.

 

   Pues bien, por fin está empezando a pasar algo, como indican las elecciones andaluzas. Esos partidos creían haber asfixiado el patriotismo español tras cuarenta años de embustes y demagogias, y resulta que no ha sido así. El patriotismo no solo es esencial para la supervivencia de una nación, sino también para mantener la democracia. Porque en ausencia de él, los intereses de partido se vuelven absolutos y determinantes, y desgarran la convivencia en paz y en libertad. Esto es algo que nunca han entendido esos partidos mafias que, precisamente, han intentado presentar el patriotismo como enemigo de la libertad, y como enemigo de la democracia al franquismo, un régimen que no tuvo oposición democrática sino totalitaria, y de la que no podía salir en ningún caso una democracia.

 

   Ahora VOX tiene la posibilidad y la responsabilidad de cambiar todo eso. Se le ha votado precisamente para que cambie el grotesco y farsante panorama político en que vivimos. Haría muy mal en intentar dar explicaciones o justificarse ante las acusaciones de sus enemigos, enormemente alarmados y que se erigen en fiscales cuando tendrían que estar en el banquillo de los acusados. VOX parece tener otro lenguaje, debe completar su discurso en algunos puntos y convertirse en fiscal de los partidos-mafias, llevarlos a ellos al banquillo. Porque si España y la democracia han de subsistir, esos partidos deben desaparecer y ser sustituidos por otros que se identifiquen con su propia nación y con la libertad.