En estos días, en los que se está cometiendo la mayor felonía de nuestra historia reciente con el saqueo de la sepultura del general Franco y la profanación de sus restos mortales, se han publicado varios sondeos de opinión para saber que piensan los españoles sobre ese execrable acto. Todos ofrecen resultados similares, pero el que a mí me ha parecido más completo es el que se publicó en el diario El Mundo el pasado lunes 21 de octubre.

La primera conclusión es que una mayoría de los españoles (55,5%[i]) o están en contra de la profanación o les da igual: la justificación de Sánchez Pérez-Castejón de que esto es una especie de clamor social, imprescindible (según él) para “cerrar la heridas” y “completar la transición” es mentira, como todo lo que vomita por su boca. Significativamente (encuesta de Sociometrica para El Español) la mayoría (54,2%[ii]) de los nacidos antes de 1950, es decir, de los que vivieron en directo el franquismo, están en contra de la profanación.

Pero hay otro dato que yo imaginaba pero que me ha gustado ver confirmado por los números: la abrumadora mayoría (78%) de los votantes del Partido Popular (PP) están en contra de la profanación. No es extraño, al contrario, pues la gran mayoría de los que hasta ahora han votado al PP comparten los valores que el Generalísimo defendió durante toda su vida, o son descendientes directos de los que sirvieron a España junto al Caudillo o pertenecen a familias que salieron de la miseria y del analfabetismo gracias a la ingente labor de desarrollo y progreso que impulsó Franco, cuando no todo lo anterior.

Sin embargo, y como ha ocurrido sistemáticamente desde que al PP alcanzó por primera vez el poder en 1996 y especialmente desde que se le arrebató la Presidencia del Gobierno por el infame Rodríguez Zapatero en 2004, sobre los cadáveres de 191 españoles inocentes, los dirigentes del PP no solo han ignorado y despreciado los sentimientos de sus votantes, de los que hacen que disfruten de sus poltronas y de sus jugosos sueldos, sino que han colaborado con el maligno en este atropello: desde la abstención del ínclito José María Aznar (que daño ha hecho a España este espantapájaros) a la “condena” (sic) por el Congreso de los Diputados del Alzamiento Nacional del 18 de julio de 1936, pasando por la abstención del PP en la votación que aprobó la nefasta Ley de Mentira Histórica de Zapatero y por su inacción frente al RDL 10/2018 de Sánchez (que podían haber parado con un recurso ante el Tribunal Constitucional, que no presentaron) y terminando con las inauditas declaraciones de sus dirigentes: el mequetrefe de Casado, que se vanagloria de “pertenecer a una familia represaliada por el franquismo”, lo cual es simple y llanamente mentira, y que se ha referido al Valle y a Franco como “ese edificio en el que está enterrado no sé quién”, pasando por el anormal de Martínez Maillo –afortunadamente defenestrado y que estará haciendo lo único para lo que vale, servir cañas en algún garito de tercera–, que dijo que “lo saquen cuanto antes”. No solo no han hecho absolutamente nada para evitar este desafuero sino que directa o indirectamente han cooperado con Zapatero y Sánchez para llegar a este punto.

Esta actuación de los dirigentes del PP –desde Aznar a Casado– no es sorprendente pues han hecho lo mismo con todos y cada uno de los asuntos importantes para sus votantes y seguidores: el aborto, la eutanasia, la ideología de género, los ‘lobbys’ LGTBIXYZ, la Ley de Mentira Histórica, la excarcelación de etarras (acuérdense de Bolinaga), las concesiones a los separatistas cleptómanos catalanes (el miserable de Aznar, en un ejercicio supremo de servilismo e indignidad, llegó a decir que él “hablaba catalán en la intimidad” … hay que ser retrasado mental), la degeneración del llamado “Estado de la Autonomías” que lleva a la desigualdad entre los españoles y a la desintegración de España y tantos otros asuntos de gran trascendencia en los que los dirigentes del PP o se han puesto de perfil o, directamente, se han pasado al enemigo.

Los dirigentes del PP, por un lado, padecen un complejo de inferioridad, una especie de trauma infantil de origen desconocido, que les impulsa a comportarse como disciplinados socialdemócratas, insignificantes peones del pensamiento único y de la corrección política, pues por alguna razón imposible de explicar sienten un terror insuperable a que les tachen de “franquistas”; por otro lado, y dado que hasta hace poco no han tenido a nadie que les pudiera restar votos por su derecha, han disfrutado de unos cuantos millones de electores cautivos que les han votado una y otra vez hicieran lo que hicieran, como “mal menor” y “tapándose la nariz”, a pesar de ser despreciados, ignorados y ninguneados sistemáticamente. Si bien durante las campañas electorales suelen hacer algún guiño a sus votantes más conservadores, en forma de promesas que no van a cumplir, no recuerdo una sola ocasión en la que hayan gobernado, no solo a nivel de España, sino incluso en las diferentes Comunidades Autónomas o ayuntamientos de ciudades importantes, que hayan dado marcha atrás en ninguna de las tropelías cometidas por la izquierda donde esta ha gobernado: desde el aborto hasta la Ley de Mentira Histórica, pasando por el adoctrinamiento de los niños en los colegios en asuntos trascendentales como la ideología de género, o por la libertad religiosa, o por asuntos que pueden parecer menores pero que no lo son, como el cambio de nombre de las calles. En el ayuntamiento de Gijón, recientemente, los concejales del PP han votado a favor de nombrar hijo adoptivo de la ciudad al genocida Santiago Carrillo, por poner un ejemplo de los más sangrantes.

¿Qué diferencia hay, de verdad, entre el PP y el PSOE? Casi ninguna, excepto que el PP sube los impuestos habiendo dicho que los iba a bajar mientras que el PSOE los sube habiendo avisado que los iba a subir. Por lo demás son iguales. Bueno, no exactamente iguales, pues el PSOE se preocupa y atiende los deseos y las aspiraciones de sus votantes mientras que el PP los ignora olímpicamente.

La cobardía, la deslealtad y la miseria moral de los dirigentes del PP en todo lo relacionado con la Ley de Mentira Histórica y la profanación de los restos mortales del Caudillo es clamorosa, pues como se ha dicho el 78% de sus votantes, de esos que hacen que disfruten de una vida regalada, opinan exactamente lo contrario de lo que hacen sus dirigentes. Eso sí, tiene mérito lo que son capaces de conseguir estos truhanes: con ellos se ha incumplido esa máxima que dice que se puede engañar una vez a muchos, o muchas veces a uno, pero no muchas veces a muchos; ellos, efectivamente, han sido capaces de engañar muchas veces a muchos.

Gracias a Dios, y por el bien de España, ha aparecido Vox. Que se olvide el PP de las mayorías absolutas y de gobernar en solitario, si es que vuelve a gobernar. 

[i] Calculado sobre el 96,6% que ha contestado.

[ii] Calculado sobre el 87,9% que ha contestado.