Cuando Cristo era el modelo para los hombres, y María el de las mujeres, el mundo, sin tanto progreso técnico e industrial como ahora, caminaba por el sendero correcto de la Historia. Los hombres criados en el cristianismo se esforzaban en ser trabajadores, honrados e íntegros, y se ocupaban de mantener a su familia. Entre la decencia y la riqueza, elegían la decencia. Entre la familia y la codicia, la familia. Entre la ambición y la generosidad, lo segundo.
 
Del mismo modo, las mujeres veían en María el espejo perfecto en el que mirarse. La pureza, la entrega, la fortaleza de espíritu, el amor sincero, la sencillez. María dijo "Sí" a lo desconocido, pero la fuerza de su amor, y la humildad de su corazón, dieron al mundo a su Salvador. Ninguna mujer ha sido ni será tan perfecta como María, en quien se resumen todas las virtudes humanas y también, más aún, todas las virtudes inequívocamente femeninas.
 
Pero hoy, los hombres se fijan en David Bechkam y las mujeres quieren parecerse a Jennifer López. Las virtudes femeninas alcanzan su quintaesencia con Irene Montero y Carmen Calvo, en una síntesis intergeneracional casi perfecta. Las palabras pureza, humildad, sencillez, amor y entrega, se han cambiado por lucha, igualdad, derechos, movilización e incluso venganza. Porque al final, las sociedades no hacen sino reflejar lo que las personas llevamos en el corazón. Y la sociedad moderna, llena de aparatejos y cachivaches prescindibles, es sobre todo egoísta, rencorosa y cruel.
 
La manifestación feminista del viernes, así como la huelga, fue la demostración palpable de cómo los partidos del Sistema, nacidos de ideologías aberrantes, han conseguido inundar a la ciudadanía de mentiras, burdas manipulaciones y puerilidades. Consignas de todo a cien dirigidas a inteligencias modestas, y a una parte sustancial de la sociedad que no lee absolutamente nada, y que no cree más que en su cuenta corriente y en los vicios del fin de semana. Una sociedad animalizada que compra cualquier argumento que sirva para dividir y enfrentar a unos contra otros.
 
Por eso, los mensajes feministas, sobre todos los de la izquierda, están llenos de odio hacia el hombre. Porque sólo a través del odio pueden ellas construir su discurso de rencor y venganza, que después se traducirá en pingües subvenciones y generosas partidas presupuestarias. Esas miles de encolerizadas jóvenes que gritaban contra el heteropatriarcado han sido usadas, igual que un kleenex, por unos políticos sin escrúpulos a los que sólo les importa su voto. Y al llegar a casa y quitarse los pañuelos morados, seguro que les quedó en la boca el sabor amargo que siempre, siempre, dejan el odio y el rencor en el corazón de las personas.
 
Los partidos y las ideologías aberrantes sirven, sobre todo, para dividirnos. Por eso España es hoy una nación en jaque mate, y Europa se pregunta continuamente por su identidad. Porque no creemos en nada importante. Nos ha cegado el egoísmo y la avaricia de lo material, nos hemos enrredado en una guerra de todos contra todos, y hemos dado la espalda a los dos únicos modelos que nos aseguran una existencia gozosa y en paz: nuestro Señor Jesucristo y la Virgen María. A ellos dos nos encomendamos para que aporten algo de luz en este mundo en tinieblas que nosotros mismos nos hemos buscado.