La condena pendiente es lo de menos. Es un mero trámite legal y penal para materializar un indulto que ya está negociado en la olla podrida de la “democracia que nos hemos dado”. Si no hay condena, por leve que sea, no puede haber indulto, de la misma manera que un impotente no experimenta una erección sin viagra. Y la viagra de Pedro Sánchez es el indulto de los separatistas que intentaron, con bastante más fortuna de la que políticos y periodistas les otorgan, mutilar a España amputándole Cataluña. Sin esa viagra, Pedro Sánchez no pernoctará en La Moncloa más allá de lo que se alargue su interinidad en la presidencia del Gobierno.

 

Ya ha terciado en el indulto Zapatero, la alcahueta de Maduro, afirmando en una emisora de radio separatista (perdón por el pleonasmo) catalana que él es “un militante del diálogo y de la negociación y que espera que la sentencia no colisiones con los intereses políticos actuales” ¿Se puede ser más miserable? Sí. Basta con echarle la vista encima a Pedro Sánchez y a su piara de aliados separatistas y comunistas. Son bastante más miserables que la alcahueta de Maduro, pero no porque Zapatero se haya dignificado sino porque ha perdido poder.

 

De momento, el Poder Judicial e Instituciones Penitenciarias ya le han enseñado el ombliguito y le han puesto morritos tirándoles besitos a los separatistas pendientes de indulto, trasladándoles a Cataluña donde les espera un Spa de lujo en el que pasar alegre y cómodamente el verano, disfrutando de todas las prebendas de las que carecen los delincuentes enjaulados en las demás cárceles catalanas. En vez de haberlos mandado, por separado y de uno en uno, a las prisiones más alejadas de Cataluña para que compartieran celda, patio y ducha con lo mejor de cada casa, los envían a todos juntitos a la tierra prometida de la República Catalana, y a unas jaulas de oro en las que recibirán a sus súbditos y a sus siervos, como el Abad de Montserrat y el Presidente de la Generalitat, así como a los palmeros periodísticos de toda España. La cárcel en la que esperarán el indulto va a parecer la sala de espera del Salón Kitty, con Ada Colau de señora de los lavabos. No da para más, la pobre, ni en una película de Berlanga ni en un esperpento de Valle Inclán. Que es en lo que realmente se ha convertido España gracias a la viagra electoral que mantiene erecta esta “democracia que nos hemos dado”.