Una banda de tiranos compuesta de tiorras desequilibradas y presidida por un falso doctor vinculado familiarmente con los negocios de la prostitución, miembros todos del partido más corrupto de la historia de España, sin pasar por las urnas y con apoyo de golpistas resueltos a desmantelar la nación y de agentes de la tiranía venezolana, han declarado en el senado  la condena institucional del franquismo.  Esto es lógico y no debe extrañar a nadie, pues el franquismo representó precisamente lo contrario de ellos. Pero van más allá: tratan de proscribir lo que llaman “toda exaltación del franquismo”, lo que debe entenderse como un ataque brutal a la Constitución y a las libertades de expresión, investigación, asociación y cátedra. En otras palabras, como un crimen en toda regla contra los fundamentos de la democracia.

 

 Que atacar al franquismo signifique atacar a la democracia no puede extrañar a nadie que conozca la historia más allá de la propaganda. La democracia nació del franquismo tanto porque este creó las condiciones necesarias para ella como porque así lo refrendó la inmensa mayoría del pueblo en el referéndum de 1976 , y porque sus organizadores eran directamente franquistas: Torcuato Fernández Miranda, el rey nombrado por Franco, Suárez, jefe del Movimiento, y sus equipos, en los que entraban personas no directamente adictas a Franco pero sí privilegiadas por su régimen. El franquismo no tuvo oposición democrática, sino totalitaria, y por tanto no podía venir de ella democracia alguna.

 

La democracia “de la ley a la ley” tenía además la enorme virtud de asegurar una continuidad  histórica en lugar de las rupturas estériles tan frecuentes en nuestro pasado desde el siglo XIX, y representadas al morir Franco por los herederos del frente popular salido de unas elecciones fraudulentas en 1936  y que inmediatamente impuso un régimen de ilegalidad y terror.  Sin embargo, esa continuidad histórica fue rota enseguida por Suárez y los suyos, que pretendieron cortar sus evidentes raíces, como si la democracia hubiera caído del cielo y la hubieran recogido ellos genialmente. La farsa empezó ya entonces. La derecha se convirtió progresivamente en auxiliar y cómplice, no en oposición, de las nuevas tendencias frentepopulistas, a las que dejó vía libre. Y pese a la inmensa herencia positiva dejada por Franco, la situación ha ido agravándose hasta la imposición de una nueva tiranía de frente popular en golpe de estado permanente.

 

Atendiendo a esta evolución siniestra, no puede extrañar que la  supuesta oposición a los nuevos tiranos, PP y Ciudadanos, hayan colaborado en el crimen como cómplices y auxiliares. Afirma cierto dicho que hay alguien más despreciable que el asesino:  el ayudante del asesino.  Y este es el papel de esos dos partidos en este asesinato de la democracia. Si la democracia y España como nación han de sobrevivir es indispensable que esos partidos convertidos en auténticas mafias, desaparezcan.  El régimen montado en el 78 con graves carencias de origen, resumidas en la mencionada ruptura con la historia, y que no se han corregido, se halla en estado de descomposición. Y esto  no puede continuar, porque todos nos jugamos nuestro futuro. Es imprescindible organizar ya la resistencia. Derrotar a este tercer frente popular es la gran tarea histórica del momento.