Supongo que estos días habrán oído en más de una ocasión la expresión “es preciso respetar las leyes”, con motivo del espectáculo bochornoso y lamentable en que convirtieron la preceptiva toma de juramento algunos de los representantes electos al Congreso en el momento de iniciarse la primera sesión de la nueva legislatura. Vaya por delante que no estoy en absoluto de acuerdo con el término “es preciso respetar las leyes”, y así lo hago saber a quienes lo emplean, proponiendo que se acostumbren a decir “cumplir las leyes”. Lo entienden a la primera cuando les pregunto, referido al Código de la Circulación, qué creen que es mejor: ¿respetarlo o cumplirlo?

 

Obviamente responden lo segundo, porque el respeto no es una obligación, sino una actitud recomendable, aunque voluntaria. Y es que, cuando alguien pide “respetar las leyes”, lo sepa o no, está reconociendo que, de alguna manera, el cumplimiento de la ley no es exigible, y por eso fía en la buena voluntad de quien está obligado que haga o no aquello a que obligara cada norma. Y algo así debió pensar la Mesa del Congreso, presidida tan ineficazmente por Meritxel Batet, en el momento en que sus Señorías tenían que jurar o prometer el cargo que van a desempeñar. Porque de otra forma no se entiende que se hayan dado por válidas las fórmulas que algunos irrespetuosos diputados han empleado.

 

Son de destacar, por infantiles, los distintos acatamientos llevados a cabo por las chicas de Unidas Podemos, que daban la impresión de estar en una competición para ver quién era más partidaria de los derechos sociales, de la democracia y el estado de bienestar. ¡De vergüenza tanta muestra pueril de progresismo populista! Un tal López de Uralde incluso juró por todo el planeta. Un día de estos veremos salir solo a uno de ellos y jurarpor todos mis compañeros, por mí el primero, la misma frase que se utilizaba cuando los que ya tenemos una edad jugábamos al marro.

 

Hay otras personas, de todo punto indignas del cargo público para el que han sido democráticamente elegidas, que han utilizado fórmulas que, sinceramente, producen más inquietud que risa. Son las empleadas por algunos políticos catalanes encausados con motivo del intento de usurpación del territorio y la soberanía nacional. Oriol Junqueras, en catalán, dijo: “desde el compromiso republicano, como preso político y por imperativo legal, sí prometo”. ¡Un tío valiente, sí señor! Jordi Sánchez, uno de sus compinches lo hizo así: “Desde el compromiso con el diálogo y la lealtad al mandato del 1-O, como preso político, lo prometo”. Y algo similar los demás.

 

La Presidente de la Mesa del Congreso supongo que no quiso estrenar cargo con un conflicto, porque supongo que se tendrá por persona “respetuosa” y apenas cambió la expresión de su impenetrable e impasible rostro, ante expresiones tan contrarias a la verdad como “presos políticos” o tan peligrosas como las referidas a la inexistente república catalana.

 

Como es lógico, en el periódico líder del progresismo en este país no han dudado de calificar las fórmulas empleadas de “imaginativas, coloridas y pintorescas” dándolas por válidas si con ellas expresan el acatamiento a la Constitución, haciendo referencia a la bien pensante sentencia del Tribunal Supremo de 1990, que fijó que prohibir a los parlamentarios añadir coletillas, suponía anteponer un formalismo rígido que violentaba el derecho fundamental de participación política. ¡Es que hay algunos que no sólo se la cogen con papel de fumar, sino que son capaces de mear sin echar gota!

 

No les extrañe que cualquier día, un independiente sea capaz de jurar por Mafalda. O por Snoopy que, para el caso, “tanto monta, monta tanto”.