Nos la han metido doblada con el tema de la lengua, y lo peor es que la mayoría se lo ha creído. Desde la aprobación de la Constitución en 1978, y un poco antes, tras la muerte de Francisco Franco, venimos soportando hastiados la cantinela machacona de los sátrapas mangantes que, basándose en la lengua, han hecho de la diferenciación primero, las competencias después, y la independencia ahora, su modo de vida.

Comenzaron con la toponimia. Gerona dejó serlo para transformarse en Girona, con los cual los gerundenses se convirtieron en… ¡En nada! Siguen siendo gerundenses, no son girondinos. Igual que los de Lérida, antes y ahora leridanos o ilerdenses, por mucho que llamen a su provincia Lleida. Lo de Donosti puedo llegar a entenderlo, porque a los de San Sebastián se les conoce por donostiarras, pero que me cuenten lo de Vitoria por Vitoria-Gasteiz. ¿Y qué me dicen de La Coruña? También cambió su denominación y ahora se llama A Coruña. ¡Anda que…!

¿Culpables? Los españoles, por no hacer nada. Y dentro ellos, los políticos. De todos los partidos, sin excepción. Aunque cobran de los impuestos de TODOS, son colaboradores activos de esta estafa monumental que es el independentismo. ¿O acaso no han oído a los portavoces del gobierno, da igual de qué partido se trate, referirse al “President de la Generalitat” o al lehendakari (no sé por qué lo ponen en minúsculas)? ¡Bobos de baba! ¿Han escuchado llamar a Theresa May la Prime Minister? ¿O a Angela Merkel, la Bundeskanzler? Mención especial merece el gracias a Dios expresidente Rodríguez Zapatero, del PSOE, quien por conseguir el apoyo de esta banda, nos humilló a todos los españoles poniendo traducción simultánea en el Congreso. ¿Pa queeeé? Que diríamos coloquialmente más de uno.

¡A ver si nos damos cuenta! El español es la lengua que más gente entiende en Cataluña, en las Vascongadas, Galicia, las Islas baleares o la Comunidad Valenciana. Guste más o guste menos. El español es la lengua mayoritaria en cada una de esas regiones. Como en el resto de España. No el catalán, el vascuence, el gallego, el mallorquín o el valenciano. El idioma que más hablantes tiene en todas las provincias de ESPAÑA es el ESPAÑOL. ¿O no habían caído en eso?

La cuestión es que hay quien piensa que el tema de la lengua es una minucia en comparación con otros asuntos. Pero es porque no lo ve con perspectiva: todo esto no es sino parte del proceso independentista que, de no ocurrir nada, será irreversible. Periodistas, instigadores y cómplices de estos timadores nos están engañando. Nos están domando la opinión, dilatándonos las tragaderas, para cuando llegue el momento oportuno. Para los más incrédulos, el bailarín Iceta, del PSC-PSOE, expuso que “Los independentistas deben retrasar el referéndum 10-15 años", fecha en la que estiman que estarán mejor preparados. Y claro, mientras tanto, "los partidos políticos españoles deberían proporcionar mayor autogobierno y una financiación mejor a Cataluña para arreglar la situación política". ¿En negrita lo ven mejor?

He utilizado los sustantivos farsa, engaño y timo, y otros similares relacionados con los anteriores, no para exagerar, como alguno habrá pensado, sino porque la lengua es, en realidad, el elemento vehicular de la ideología nacionalista (independentista lo prefieren). No es un derecho, ni un instrumento de multilingüismo, como algunos cándidos, pero peligrosamente equivocados, nos quieren hacer creer. Es monolingüismo amasado con odio hacia España y los españoles. En un museo mallorquín, repleto de cartelitos en balear, había alguno en inglés, alemán y francés. El único que había en español ponía “No tocar”. Eso es mala leche, ¿no?

A los más remisos a entenderlo, les pido que sean conscientes de que el asunto de las lenguas autonómicas nos lleva costado, a todos los españoles, muchísimos miles de millones, primero de pesetas y ahora de euros. Muchos han perdido por esta causa la vida. Y lleva camino de costarnos incluso nuestro país. Poco a poco, pero inexorablemente es allí donde nos llevan. Este tema no es menor. Señores políticos: ténganlo en cuenta. Señores votantes: exíjanlo a los partidos que votan. Este es nuestro principal problema.