Ayer, al ver en mi ordenador un aviso acerca de que la señora Arrimadas había sido tildada de "fascista" por los típicos y tópicos paletos, escribí a vuelapluma un comentario breve en Facebook, en el que decía -más o menos- que si los gorrinos separatistas pensaban que lo de la señora Arrimadas y sus compañeros de Ciudadanos era "fascismo", cuando a los que de verdad lo somos se nos pusiera en las narices decir "allá vamos", no nos durarían ni media hora.

Era, repito, un comentario rápido, sobre la marcha, -no sobre el tambor, pero casi-, y espero que en aras de ello se me disculpe por la inexactitud.

Lo dije así para que los paletos topiqueros me pudieran entendieran. Las personas cultas saben que el fascismo fue -¿es?- un movimiento italiano, así como el nacionalsocialismo lo fué alemán. El fascismo -José Antonio lo aclaró perfectamente- había vuelto hacia las raíces y había encontrado las raíces de Italia. El nacionalsindicalismo de la Falange había hecho la misma operación con las raíces de España, y había encontrado, evidentemente, la esencia española.

Se que todo esto es demasiado complicado para los analfabetos funcionales que componen la mayoría de la sociedad española actual; analfabetos para quienes leer un libro de Historia -no un panfleto políticamente correcto y subvencionado- es un esfuerzo ímprobo; para quienes hacer este viaje intelectual hacia las raíces de una nación como la española para encontrar su esencia, es algo inaudito, inconcebible y, en muchos casos, imposible. Analfabetos para quienes los cotorreos de la prensa, la radio y la televisión vendida a quien la subvenciona es artículo de fe, porque los estereotipos facilitan la comprensión del mundo a los tontos.

Y el comunismo, con la ayuda inestimable del liberalcapitalismo, que quiere hacerse perdonar el ser lo que es de cara a futuras chekas, estableció hace aproximadamente un siglo -III Internacional- que la mejor forma de prevalecer era unir sus fuerzas con las de los tibios, los timoratos, los incultos, los cobardes, los acomplejados y los tontos, y ponerlos a luchar "contra el fascismo".

Y a ello se han aplicado fervientemente la mayoría de periódicos, casi todas las televisiones y prácticamente todas las radios españolas en la pasada campaña electoral. Campaña que -como todos hemos sufrido- no se ha limitado a unos días, sino que lleva en marcha muchos meses.

Y en esta campaña electoral de meses -en realidad, de 40 años- todos los políticos, los periodistas comprados, los comentaristas afines al amo de la empresa que les paga; todos los incultos, todos los mentirosos, con máster o a granel, se han desgañitado gritando "que viene el fascismo", que llega la "ultraderecha." Todos -desde las radios, televisiones y periódicos declaradamente de ultraizquierda hasta las de derechasdetodalaviday obediencia episcopal- han intentado engañar a los votantes con la -para ellos- amenaza de la "ultraderecha" que veían en VOX. Todos ellos han clamado -como los compañeros de viaje del comunismo soviético durante medio siglo XX- en contra del "fascismo".

El señor Sánchez, el señor Iglesias, los paletos separatistas "catalans" y "baskos", el señor Rivera que negaba la palabra y el saludo a diputados regionales tan democráticamente elegidos como los suyos propios, pese a necesitar su concurso en varias autonomías; todos ellos han clamado en contra de VOX.

 

Pero resulta que los ciudadanos que han querido votar han respaldado a VOX. Que el señor Sánchez ha ganado las elecciones, si; pero con menos apoyos que hace unos meses y perdiendo tres diputados -con que gane de la misma forma otras cuantas elecciones, conseguirá que el PSOE desaparezca-; que el señor Iglesias se ha dejado en el camino 7 diputados que no se compensan con los del señorito Errejón; que el señor Rivera se ha pegado uno de los más monumentales batacazos que se hayan visto, perdiendo 47 escaños. Y que el señor Casado recupera fuerzas, pero muy lejos de asumir las pérdidas de Ciudadanos.

Y al final ocurre que más del 15% de los votantes han elegido a VOX. Según las soflamas de la antecampaña, precampaña y campaña electoral, esto quiere decir que el quince por ciento de los votantes es "fascista".

Y ello, pese a que Pedro Sánchez, en su soberbia y su odio, sacó a Franco para apuntarse en su campaña la exhumación de un Jefe del Estado; pese a que los comunistas podemitas y añadidos se sumaran gustosos -es su esencia- a la profanación de la Basílica del Valle de los Caídos donde -sin que la Conferencia Episcopal dijese una palabra- se pasearon, armados, los guardia civiles que tenían por misión echar de la casa de Dios a los monjes que oraban; pese a que PP y C´s han bajado mansamente la testuz ante la profanación de unos restos mortales y una Basílica. Y resulta que haber movilizado el recuerdo de Franco para la campaña ha resultado en un 15% de apoyos a los únicos presentes en el proceso electoral que han protestado por esa exhumación.

Pese a que Pedro Sánchez ha suavizado hasta lo inconcebible y lo injusto las sentencias a los golpistas separatistas catalanes, en un guiño para posibles apoyos de futuro y de cara a mostrar su tolerancia y su blandura de mano, tan progresista. Y pese a que PP y C´s han clamado contra la guerrilla urbana tolerada, permitida y auspiciada en Cataluña, los votantes se han dado cuenta de que, como siempre, lo hacían con la boca pequeña, como por obligación del papel. Y el resultado es que el 15% de los votantes ha elegido a VOX, porque son los únicos que han tenido la iniciativa -y las narices- de hacer retratarse a cada cual en cuanto a la prohibición de los partidos que actúen contra la unidad de España, que vale por decir -con la Constitución en la mano- de la soberanía nacional. No -como dicen los memos- de prohibir las ideas, sino su desarrollo en acciones ilegales.

Por otra parte, es obvio -a poco que se entienda- que VOX no es "fascista", y menos aún nacionalsindicalista. VOX es un partido liberal, como el sistema, y si bien hay que agradecerle la valentía de hacer frente a los tópicos, a las falsedades, a las tergiversaciones de lo políticamente correcto, tampoco se le puede confundir con algo que no es; sí hay que agradecer que hable claro sobre las autonomías, sobre la discriminación por razón de sexo, sobre la injusticia de tolerar una inmigración ilegal que sólo redunda en problemas para los españoles y para los extranjeros que se ven en esa situación -y que precisamente por no tener documentación en regla no pueden aspirar a un trabajo digno-, pero no conviene confundir a VOX con la opción nacional que nunca ha sido ni pretende ser.

Y ahora, que los partidos, los periodistas, los comentaristas, los papanatas, se retraten. Porque o cambian sus referencias de manual tontiprogre, sus tópicos de indigentes intelectuales subvencionados, sus estereotipos de chupópteros mendicantes, y dejan de clamar contra "el fascismo", o tendrán que reconocer que el 15% de los votantes es "fascista."

Y todos, tan demócratas de nómina, tendrán que aceptarlo o confesar que ellos, precisamente ellos, son los intolerantes, los antidemócratas, los dictadores, los que no aceptan la voluntad popular.