Mi amigo Juan Torregrosa, profesor de Literatura, decía que "son personalidades muy diferentes la del homosexual discreto; el marica y la maricona". Él es, o era -un día se fue a residir a Castellón y desde entonces no he vuelto a saber de su vida- y se declaraba homosexual, si decirlo se hacía necesario; y lo decía, como es lógico, con toda naturalidad y "no tengo por qué vocearlo por la calle, como si fuera La Violetera".

 
Hoy, frente a la televisión; con la 1 de Televisión Española en la pantalla, 
 
y el ¿ministro? Marlaska en primer plano hablando al micrófono, con una rara gesticulación facial; "fisssnura" en el arrastre de algunas palabras; y sospechoso revoloteo de las extremidades superiores. 
 
Esa visión me puso en el arduo trance de darle vueltas al magín, aunque sin abusar, no fuera a sentarme mal al cuerpo, y encontré la siguiente pregunta, de la cual no esperaba obtener una aclaración, por la sencilla razón de que me la hacia a mí mismo y, lo siento, no doy para tanto; y esta, mis queridos camaradas y amigos, ha sido la pregunta: ¿cuál sería de las tres opciones, en la que mi buen amigo Juan (yo ni entro ni salgo ¡aclaro!) en la que él situaría al ministro de los socialistas?.
 
A mí, quizás por mi propia incultura, hay muy pocas cosas que me lleguen a impactar para bien o para mal; 
 
hay días que creo que soy como las piedras que hay entre los raíles de la vía férrea que por mucho que corran los trenes, ellas siempre están calladas y quietas en el mismo lugar. (Esta cita podría ser de Séneca, de haber habido trenes entonces). 
 
Pienso -porque es barato- que tal vez sea porque mi reducido cerebro no tenga la suficiente capacidad de análisis y sea ese el motivo por el cual todo me resulta plano, fútil, intranscendente. 
 
Entre esas pocas cosas que tienen la virtud de hacer tambalearse y resbalar malamente mis neuronas en los adentros de la cabeza -que en estos momentos no recuerdo-, no están, ni han estado nunca, las cosas y casos que se mueven teniendo la sexualidad latente. ¡Aleluya, aleluya; cada uno con la suya!
 
Pero no es de la sexualidad en toda su posibilidades de uso y disfrute de lo que yo quería hablar, sino del desprecio con que el señor -y no fue precisamente señorío- Marlasca, utilizó, algo parecido a "(esssosss; no sé cómo llámarsslosss") con las personas y partidos que no son de su misma opinión (es muy posible por ser más acertada), respecto a cómo tratar el tan manido cambio climático.
 
Es así como asoman la oreja quienes presumen de demócratas -que no creo que sea para tanto- y como dice el refranero español: "antes se coge a un embustero que a un cojo".
 
Esta gente de la extrema izquierda que llega a grandes alturas políticas, que por lo que estamos viendo no hace falta que sean muy listos, usan la Democracia -los que sean limpios y aseados, que no son tantos-, como usan los calzoncillos o las bragas, 
 
según sexo o caprichín de los llegados del otro lado de la puerta del armario -¡qué debería ser de tres cuerpos e inacabable fondo!-, la cambian y usan a diario, para beneficio de sus intereses, no sólo los políticos que también...
 
Eloy R. Mirayo.