La lenteja es una de las legumbres más sabrosas y nutritivas con las que cuenta la humanidad actualmente. Ligeras, fáciles de cocinar, no requieren mucha manipulación y la olla exprés la domina con facilidad, por lo que no hace falta ponerlas a remojo la noche anterior. Maridan bien con casi todo, lo que las convierte en uno de los productos más maleables, adaptables y obedientes con que cuentan los maestros de los fogones, la cocina, ora tradicional ora moderna, que tan de moda se ha puesto. Un buen plato de lentejas, en los días fríos de invierno, constituye una buena ingesta parra combatir el frío y aportan un sin fin de excelentes elementos en la dieta; también hay quien las prefiere en ensalada para aquellos días en los que la canícula castiga las ansiedades. Tal es la importancia de esta legumbre, cuyo nombre científico es «lens culinaris», que en España se ha convertido en el plato estrella.

Desde que los españoles cambiamos la magia por el capitalismo devorador para celebrar nuestros Reyes Magos, nos entregamos al engaño de los oropeles del envoltorio sin valorar lo que en su interior contiene el regalo. De esa guisa, el ahora ya firme presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, al fin alcanzó el anhelado cargo utilizando para ello, como era de esperar, a tirios y troyanos, todos en la misma mesa, que han validado su nombramiento ante el mundo entero. Al tiempo, los huidos -hasta el momento- de la justicia española se han venido arriba, arropados por la justicia europea, haciendo de su situación de prófugos emblema de libertad y modelo de comportamiento, frente a la sociedad española que contempla apocada cual deprimida doncella abandonada por la dicha. Pero, que todo esto ocurriera pese a las voces que desde hace años se han alzado para denunciarlo demuestra dos cosas: o que los alarmistas se han excedido en sus advertencias que, por otra parte, han sido insuficientes, provocando un efecto rebote o que en una simple valoración matemática, los números han sido favorables a las pretensiones de Sánchez. Incluso y a pesar de la señora Oramas, que cada día gana más admiradores a este lado de la raya.

Leo artículos en los que muchos analistas y comentaristas se preguntan ¿qué ha pasado en España para que un desahuciado, como Pedro Sánchez, se haya salido con la suya? ¿Qué ha pasado para que los barones del partido, que hace dos años lo echaron, hayan sido incapaces ahora de detener esa maniobra que le ha llevado a la presidencia del gobierno? ¿por qué ninguno de sus colegas socialistas ha percibido el peligro de caminar de la mano de Iglesias y su gente? Históricamente, no es el PC quien dejó tirado al PSOE en operaciones y estrategias, sino más bien al contrario.

Para muchos españoles Sánchez será un juguete en manos de Iglesias y los podemitas, ya instalados en el gobierno de España, y será zarandeado, cuando llegue el momento, por los separatistas catalanes y vascos. Yo no considero a Sánchez un incapaz, y además creo que es valiente, a su manera, en sus decisiones. No es creíble, ni fiable, pero sí ambicioso. ¿Garantizarán sus cualidades, no obstante, que la manija del gobierno la controle él?

Es un hecho que muchos españoles, tanto a nivel individual como colectivo, se han vendido por un plato de lentejas. Las lentejas se han instalado en la vida nacional de tal forma que, por miedo a perderlas, muchos políticos, magistrados, jueces, militares, religiosos, catedráticos y profesores universitarios y de la Enseñanza Secundaria, empleados de banca y seguros, trabajadores autónomos y del sector servicios, no parecen dispuestos, por el momento, para prescindir de ellas. Un plato de lentejas, con el que combatir el frío térmico y el anímico que es aún más desolador, es la garantía para ir tirando. Y lo que vamos tirando es nuestra dignidad, nuestro amor propio, nuestra idiosincrasia, nuestra personalidad, nuestra esencia. Es probable que, como dije al principio, el oropel del lazo esconda el verdadero propósito del presente que va en la caja, o que estas generaciones de españoles, mecidos en el aburguesado modelo de nuestras vidas, sean diferentes a aquellos otros que conquistaron el mundo, pero el reparto de la miseria ha comenzado hoy, martes 14 de enero, cuando a bombo y platillo (de lentejas), el presidente Sánchez ha anunciado a la ciudadanía, que diría su maestro Zapatero (que Dios mantenga alejado de nosotros por los siglos de los siglos), que van a subir las pensiones un 0,9 por ciento. Disfruten lo votado, aquellos que votaron por este gobierno, y padezcan con resignación cuantos habiendo podido evitarlo, miraron sólo el plato de lentejas con el que la sabiduría popular llama miserables a los muertos de hambre.