En estos días se han cumplido treinta y cuatro años desde que el cadáver del joven sacerdote polaco Jerzy Popieluszko fuese hallado flotando en las aguas del río Vístula, concretamente su cuerpo apareció el 30 de octubre de 1984. Once días antes había sido secuestrado, atrozmente torturado y asesinado por agentes de la Sluzba Bezpieczenstwa, (la agencia de inteligencia interna polaca, controlada y dirigida por los soviéticos), cuando regresaba a Varsovia, después de oficiar la que sería su última misa, en memoria de los mártires polacos de Bydoszcz. Estamos hablando de un país europeo y de unos hechos que todavía recuerdan millones de polacos por la extraordinaria repercusión que en su día tuvieron.

¿Quién fue y qué hizo este joven sacerdote?

Simplemente ser leal a la misión que la Iglesia le encomendó, pronunciar valientes homilías que contenían críticas al estado, convirtiéndose así en una persona molesta para el régimen comunista que, tutelado por la URSS, regía en Polonia desde que acabó la II Guerra Mundial. Asomarse a la biografía de este sacerdote nos obliga a preguntarnos si el héroe nace, o se hace. La heroicidad surge cada vez que alguien, en lugar de encogerse ante las imposiciones totalitarias, no se doblega, sino que reivindica la dignidad humana, su derecho a expresar su opinión y no se resigna a mantenerse silenciado.

Son personas que optan por hacer lo que deben en lugar de lo que más conviene; que no comulgan con la realidad política y social que les rodean; que eligen la postura más incómoda, siendo el tiempo el encargado de demostrar que fue la acertada. De haber sido destinado a alguna aldea perdida de Polonia quizá el resto de su vida hubiese transcurrido de forma tranquila, pero no fue así. Sus superiores le enviaron a la fábrica de acero de Varsovia, allí encontró a los trabajadores huelguistas y a los sindicalistas del Movimiento Solidaridad de Lech Valesa, que se oponían al régimen comunista polaco, y no hubo marcha atrás, porque Popieluszko, en ejercicio de su libertad, decidió proseguir incluyendo en sus homilías juicios críticos que denunciaban la tiranía del sistema . Sus sermones eran retransmitidos por Radio Free Europe, se hizo famoso sin querer serlo, incluso el cardenal Glemp, presidente de la Conferencia Episcopal polaca le aconsejó que abandonase el país, Popieluszko prefirió seguir ejerciendo su labor pastoral donde más se le necesitaba.

De esa forma Popieluszko a medida que sus homilías calaban en una población tremendamente descontenta, empezó a ser un personaje incómodo para las autoridades. Intentaron hacerle callar, intimidarle mediante amenazas, fabricaron pruebas contra él, en un burdo intento de criminalizar a la víctima, difamándole y desacreditándole en los medios de comunicación. El padre Popieluszko se había convertido en un cura subversivo. Fue enterrado el 3 de noviembre de 1984, en un acto multitudinario al que asistieron cientos de miles de seguidores conmocionados y escandalizados ante un asesinato, perpetrado por miembros del aparato represivo del estado. El director de cine Rafal Wiecsynski, dirigió un largometraje en 2009, dedicado a la la vida y muerte de Jerzy Polieluszko, y en el podemos escuchar frases como “la libertad está en vosotros”, o “el mayor enemigo no es el gobierno, ni otro hombre, el mayor enemigo es vuestro miedo”.

El mayor enemigo de cualquier persona es su propio miedo, la libertad entonces y ahora solo se conquista venciéndolo. Comenzó el proceso de beatificación en 1997, fue declarado Beato en 6 de junio de 2010, habiéndose iniciado en 2014 el proceso de Canonización. Huelga decir que son escasos los medios en los que se recoge el recuerdo para alguno de los último mártires europeos, por muy cerca de nosotros que se encuentre el año 1984. Popieluszko, fue un sacerdote católico, que murió salvajemente torturado cuando contaba treinta y siete años de edad y que además se puso de parte de los obreros polacos descontentos con un régimen comunista. Eso significa tenerlo todo en contra.

Por eso es importante no olvidar, conviene tener presente a tantos héroes, a tantos mártires, que en vida lo dieron todo y nos dejaron su inestimable ejemplo una vez muertos. Las tiranías cambian de nombres, de siglas, de medios de actuación, pero son simples mutaciones aparentes para mejor servir a sus inconfesables propósitos. A lo largo de los tiempos las personas de verdad importantes son los que eligieron servir hasta morir por amor a grandes valores, prescindiendo de sus propios intereses, esos que no quisieron vivir de otra manera.