Confieso que tengo una cierta proclividad a explicar las más enrevesadas estructuras de la sociedad humana y las más pasmosas realidades de la actualidad española echando mano de medios sencillos: desde una modesta regla de tres, hasta un chascarrillo campechano; desde uno de esos cuentos con moraleja que tanto se estilan hoy día, hasta la anécdota personal o alguna frase significativa de una película famosa.

Es la eterna historia de David y Goliath, pues enarbolando una sencilla honda de pastor se incluso se pueden dar pedradas como panes a ese gigante totalitario que va eliminando progresivamente nuestras libertades, a ese elefantiásico entramado de plutócratas psicopáticos que dirigen el mundo hacia el nauseabundo estercolero del Nuevo Orden Mundial.

¿Qué es el NOM? En muchas ocasiones, mi madre me contó la historia de un antepasado mío, un cultivado viajero amante de la escritura, que cierto día llegó a un pueblo de la sierra de Aracena. Encontrándose de repente con una urgente necesidad evacuatoria, buscó por el villorrio un lugar discreto donde hacerlo, pero, ante la premura, lo hizo en un paraje que no gozaba de tanta discreción. Alguien le vio, y le denunció al Ayuntamiento, que no tardó en castigarle con una multa.

Ante esto, mi antepasado escribió un poema irónico donde venía a quejarse de que las ordenanzas municipales no le permitían evacuar en ningún lugar, porque siempre había algún inconveniente. Recuerdo unos versos que decían: “Si lo hago en el muladar, es alevosía; si en un pajar, es descortesía…”, y seguía así, hasta que, en un final verdaderamente apoteósico, remataba diciendo: “Así que no tendremos más remedio, que cagarnos en usía”. Genial.

¿Qué tiene esto que ver con el NOM? Pues traduciendo la metáfora de la historia, la mejor manera de definirlo es describiendo un mundo donde han prohibido cualquier crítica a sus postulados ideológicos, cualquier denuncia del pensamiento luciferino con el que quieren adoctrinar a las aborregadas poblaciones que dominan con mano de hierro: es delito hablar contra el feminismo que criminaliza al hombre --¡machista!--, contra la nefasta ideología de género --¡homófobo!--, contra la inicua memoria histórica --¡facha!--, contra el yihadismo islamista --¡islamófobo!--, y ahora, con la aprobación del pernicioso Pacto Global de la Inmigración elaborado por la ONU luciferina, también será delito pronunciarse en contra de la inmigración ilegal. No es que te insulten solamente, no: es que será un delito criticar todas estas realidades con las que se busca implementar el Gobierno Mundial.

Ya tenemos aquí a pleno rendimiento el mundo distópico creado por George Orwell en su novela “1984”, y la no menos abracadabrante sociedad que Ray Bradbury ideó en su “Fahrenheit 451”. Está por todas partes, y en breve llegará hasta Marte, pero España --país único en la historia donde se ha dado por dos veces el caso de un gobierno donde cohabitan separatistas con comunistas-- es en la actualidad el más perfecto paradigma de globalismo y totalitarismo luciferino que puede contemplarse, constituyendo el ejemplo más preclaro de lo que es una sociedad orwelliana, donde ya no se pueden evacuar ideas contrarias al sistema sin que te cierren el twitter —incluso el váter—, te bloqueen el Facebook, te denuncien por incitación al odio, te cierren una web sin mandato judicial, te anuncien en las redes sociales que te van a matar, te pongan una multa… eso sí, puedes entrar en cueros en una iglesia y gritar obscenidades, que eso es libertad de expresión.

España, España de mis amores, sometida a una pavorosa manipulación de la información, a una amenaza horrenda de ser invadida por millones de inmigrantes de allende el Estrecho. Quién lo iba a decir, de un país que derrotó a la musulmanía invasora en las Navas de Tolosa y El Salado, que tanta sangre derramó para reconquistar su identidad nacional, sus territorios y su fe.

España de mis entretelas, sometida a una vigilancia policial que encarna a la perfección el horror apocalíptico de las peores distopías que en el mundo han sido o se han inventado: aquí tenemos ya el “Ministerio de la Verdad”, que manipula a su antojo la historia para que coincida con la versión oficial elaborada por el Estado, y también es una apocalíptica realidad la “Thinkpol” --la “Policía del Pensamiento” que imaginó Orwell--, que incluso nos prohibirá evacuar fuera de los lugares y momentos que se nos dicten por decreto-ley. Y a los disidentes, nos encerrarán en las “checas” de las fatídicas “habitaciones 101”, para que no digamos cuántos abortos se deben a las inmigrantes, cuántos casos de violencia de género se deben al machismo de los foráneos, cuántas “manadas” de inmigrantes cometen delitos de abuso sexual, cuántas ayudas públicas van a parar a ellos con preferencia a los españoles, cuánto fundamentalismo se predica en las mezquitas, cuánto ganan los empresarios explotando a tanta mano de obra esclava…

Ante este totalitarismo cuya pestilencia llega a Marte, ante este insoportable hedor a España descompuesta y putrefacta, ante estas vaharadas sulfurosas que nos arrojan las tolvaneras desde las cloacas del NOM, también hemos de combatir en ellas, en las sentinas de España, convirtiendo las alcantarillas en campo de batalla para defender nuestra Patria, evacuando sobre esta chusma de usías y vendepatrias toda la bilis de nuestra sangre española.

Parafraseando la película “Evasión o victoria”, defender allí a España sería más civilizado que hacerlo en hemiciclos illuminati.

Ellos pueden evacuar en nuestra bandera, orinar en un templo, sonarse los mocos donde les plazca, escupir a las tumbas de nuestros héroes, defecar en la Hispanidad. En cuanto a mí, dado el totalitarismo al que me someten, dedico al triángulo bermúdico Soros-Pedrito-Turrión los siguientes versos: “Si critico las leyes de género es homofobía, si protesto por la memoria histórica es franquía, si desapruebo el feminismo que criminaliza al varón es patriarquía, si cargo contra el Gobierno no es democracia, si denuncio la inmigración ilegal es xenofobía… así que no tendré más remedio que cagarme en usías”.