Editorial Una Hora en Libertad 

Este es el típico artículo que antes de escribirlo, uno ya sabe que no caerá bien en todos los ambientes, que no será entendido y  que será criticado por no alabar o ensalzar a las fuerzas de seguridad del estado por el trabajo realizado. Lo cierto es que me da igual, no estoy yo aquí para caer simpático, pero si para decir libremente lo que pienso y opino.  Que nadie vea en mis observaciones un ápice de reproche o duda a quien no lo merece, pero alabar o ensalzar a alguien por detener a un fugado de la justicia española, 17 años después de su “huida” y teniéndolo además localizado, o en el peor de los casos, habiéndolo dejado escapar, no solo no merece reconocimiento alguno, sino todo mi reproche. Cosa distinta es que ambas cosas o por lo menos alguna de ellas, el dejarle escapar o el detenerle ahora, se deba al cumplimiento de órdenes políticas, pero en cualquiera de las dos circunstancias, esto no sería para sacar pecho, sino todo lo contrario. Tenemos muchos motivos para alabar y ensalzar a las fuerzas de seguridad del estado, pero este no es uno de ellos.

Cuando el criminal Josu Ternera, el asesino, el carnicero, el que llego a ser jefe político de ETA huyo de la justicia española, era diputado en el parlamento vasco por Euskal  Herritorrak (EH) y miembro de la comisión de Derechos Humanos, además de concejal de su pueblo natal en Ugao-Miravalles. Josu Ternera estaba en libertad cuando decidió no comparecer ante la justicia española, cuando fue llamado a declarar por el atentado de la casa cuartel de Zaragoza en la que murieron 11 personas, 6 de ellas menores, el 11 de diciembre de 1987.

Josu Ternera fue detenido en Bayona, Francia, en 1989, condenado a 10 años de prisión y entregado a España en 1996 y puesto en libertad el 14 de enero del 2000. Siendo ya diputado, el Tribunal Supremo, dada su condición de diputado electo, lo cita a declarar en noviembre del 2002 por el atentado de Zaragoza. No se presento en ninguna de las dos ocasiones en las que se le cito y es entonces cuando se dicta una orden internacional de busca y captura.

El nombre de Josu Ternera  siempre ha estado vinculado a los miembros históricos de la banda, y aunque a uno le parezca mentira, al sector moderado que servía de interlocutor con las negociaciones llevadas a cabo entre ETA y el gobierno de turno, es más, fue el protagonista del comunicado de la banda del pasado mayo del 2018, donde la banda anunciaba su disolución.

Aplaudir ahora la detención de Josu Ternera e incluso venderlo como un logro, me produce sonrojo y bochorno, sobre todo cuando se le dejo escapar y la justicia española y los medios de comunicación que ahora se congratulan de su detención, no se escandalizaron cuando este fue excarcelado, se le permitió ser cargo electo, tanto diputado como concejal, y lo que es peor, se le permitió huir. La historia parece que se repite. Lo sucedido en el 2002, pero con distintos actores, lo estamos viviendo ahora con el separatismo catalán. Diputados huidos, otros que no comparecen, como Ana Gabriel, autorizaciones para ser cargos electos, y mucho ruido mediático para que luego se quede en nada.

Josu Ternera no ha sido detenido en una brillante operación policial, ni mucho menos fruto de una incansable búsqueda de 17 años de trabajo. Josu Ternera se entrega o negocia su detención, seguramente para ser homenajeado y recibido como un héroe en su tierra natal, con la complacencia de los mismos que no se escandalizaron cuando este terrorista era diputado electo, concejal de su pueblo y miembro de la comisión de derechos humanos del parlamento vasco, para mayor escarnio de sus víctimas.

No me alegro de esta detención, porque es una pantomima, porque es una farsa, porque es un fraude, es una inmensa mentira. Josu Ternera  tendría que haber sido ejecutado, condenado a muerte por los graves delitos cometidos, y en lugar de eso, la ley y las autoridades españolas, las mismas de ahora y de siempre, le permitieron ser concejal, diputado, estar en libertad y vivir plácidamente en Francia. No creo que esta “detención o entrega voluntaria “resarza a sus víctimas, sino todo lo contrario, y más aun sabiendo que no será juzgado por nada de su terrible pasado, únicamente por no presentarse a un juicio en el 2002. Me acuerdo de todas las víctimas del terrorismo, y muy especialmente de mi admirado Francisco Jose Alcaraz y sobre todo de cómo se tuvo que sentir, cuando la justicia  y las autoridades españolas, permitieron que este criminal, después de todos los asesinatos cometidos, fuera diputado y concejal. El que Josu Ternera vuelva “a casa” no es motivo ni de alegría ni de celebración. Lástima que ya no le podamos preguntar a Alfredo Pérez Rubalcaba su opinión al respecto…

Javier Garcia Isac /director radioya.es