Como cada año, en efecto, la carnavalada repugnante del Orgullo Gay llega a las ciudades del mundo y concretamente a Madrid; pérdidas de aceite continuas para llenar el centro de mamarrachos, culitos en pompa, cuerpos musculados, obscena ropa interior rosa, trajes de payaso marcando abdominales; una inundación de desnudez y falta de pudor restregada en la cara e impuesta a todos, quieran o no ver este espectáculo nauseabundo. El centro de la ciudad se convierte así en zona off-limits para quien tenga un mínimo sentido del decoro y la decencia pública, o simplemente pretenda evitar a sus hijos un espectáculo nauseabundo.

No nos van a hacer comulgar con ruedas de molino y hacernos aceptar como normalidad algo que no lo es en absoluto. Por mucho que una parte tan grande de la población y de la opinión general, inmensamente mediocre y aborregada, haya pasado mentalmente por el aro demostrando, una vez más, que se puede llevar a la gente a aceptar cualquier aberración si se tienen medios suficientes. Y llevamos ya decenios, de campañas de propaganda en este sentido con la complicidad del poder.

Será necesario quizás aclarar una vez más, ante la mala fe militante y ciertos eructos mentales disfrazados de razones, que nada tiene quien escribe estas líneas contra los homosexuales como personas, y tampoco piensa que se les deba maltratar por su condición. Pero jamás se puede considerar normal, o como una normalidad más según cierta lamentable expresión, un comportamiento que si fuese generalizado llevaría a la extinción de la especie. Un comportamiento y unas inclinaciones que van contra la conformación del cuerpo humano y sus órganos sexuales. Un comportamiento y unas inclinaciones que la medicina reconocía como patológicos y resultado de desequilibrios psicológicos, antes de que las lobbies de la degeneración lograran imponer la doctrina del mundo al revés.

Pero es que además, aunque uno se haya dejado convencer de que la homosexualidad es una normalidad más, incluso aunque se mirase con simpatía a la homosexualidad y a los homosexuales, basta tener sólo un poco de nivel para aborrecer esta chabacanería de verano que deshonra las calles. Para sentir repugnancia hacia esa chusma impúdica y ordinaria que vomita su vulgaridad y la impone a los demás en ese gran bacanal de grosería y fealdad que es el Orgullo. Basta sólo tener un mínimo sentido del buen gusto y del decoro para rechazar instintivamente esta aberración. Independientemente de la opinión acerca de la homosexualidad.

En verdad, esta representación de Sodoma y Gomorra tiene el preciso significado de un arrastrarse por el fango, que disgustaría a la mayor parte de sus propios iconos históricos, a esos homosexuales famosos del pasado que a menudo eran hombres de cultura y educación; probablemente se les revolvería el estómago y les repugnaría ser asociados con semejante gente.

En verdad, esta representación de Sodoma y Gomorra tiene el preciso significado de un arrastrarse por el fango, que disgustaría a la mayor parte de sus propios iconos históricos, a esos homosexuales famosos del pasado que a menudo eran hombres de cultura y educación; probablemente se les revolvería el estómago y les repugnaría ser asociados con semejante gente.

El poder, por tanto, quiere que pasemos por el aro no sólo una vez sino dos. En virtud de un primer lavado de cerebro, nos quiere imponer que aceptemos la ideología homosexualista; en virtud de un segundo, no sólo que consideremos normal sino que veamos con simpatía el espectáculo bochornoso en nuestras calles. Nos quiere, en definitiva, prohibir el sentido de la estética y de la decencia, del decoro y del pudor.

En efecto, es evidente que, si alguien rechaza el Orgullo Gay por este segundo tipo de motivos, también será acusado de homofobia.

Odioso es el apoyo sin reservas de Ayuntamientos y Gobiernuzos Locales a este lamentable aquelarre, su propaganda activa para fomentar la desviación y la confusión sexual, su programa de corrupción de menores en el sistema educativo, su represión cada vez más sofocante contra quienes se oponen a esta degeneración. Todo ello nos dice claramente por qué clase de gente estamos gobernados, cuál es el verdadero rostro del poder basura que nos gobierna, dirigido entre bastidores por una secta criminal de degenerados que mueven sus hilos en la sombra.

Y la situación sigue empeorando: la propaganda de la lobby homosexual, que existe de manera evidentísima y tiene una influencia enorme, ha contaminado los cerebros y ha inundado completamente el ambiente social, año tras año y cada vez más. Hasta el punto de que quien se opone a la ideología homosexualista cada vez está más aislado y se le empieza a perseguir con una repugnante nueva inquisición. El ambiente homosexualista es ya un hecho y la venenosa atmósfera que respiramos, ya domina el discurso y por mil signos se nos comunica que no son admitidas discrepancias, que esta mentalidad se nos va a imponer a todos como la nueva ortodoxia.

Este cambio ha tenido lugar de manera muy rápida, en menos de una generación, y quien tenga más de treinta años ha podido observarlo perfectamente. El cuadro desolador que se nos presenta hoy es el dominio aparentemente irremediable del homosexualismo y las lobbies de la degeneración; pero no debemos olvidar jamás que las fuerzas cuyo triunfo es tan completo son en realidad como las células cancerosas que triunfan en un cuerpo moribundo, que todo este mundo lleva dentro un hedor a cadáver y descomposición. Sólo los mentecatos con la mirada vacía perdida en la hipnosis progresista, sin perspectiva ni memoria ni recto criterio, pueden pensar que es el necesario e irreversible progreso de la especie humana.

En muchas ciudades del mundo tienen lugar las aberrantes marchas del orgullo, pero seguramente Madrid merece el título de Nueva Sodoma, al menos en Europa, por el apoyo masivo y entusiasta que las instituciones dan a esta fiesta y por la promoción activa del homosexualismo.

En muchas ciudades del mundo tienen lugar las aberrantes marchas del orgullo, pero seguramente Madrid merece el título de Nueva Sodoma, al menos en Europa, por el apoyo masivo y entusiasta que las instituciones dan a esta fiesta y por la promoción activa del homosexualismo.

En cambio hay países que aún conservan la dignidad y cuyas autoridades merecen al máximo encomio. Honor a los países donde a las manifestaciones del Orgullo Gay se responde con los cañones de agua y las porras de la policía. Honor a Rusia también, por supuesto, que resiste a las presiones de las lobbies homosexuales y las sodomitas instituciones internacionales con la ONU en primer lugar.

En Rusia se defiende la sociedad, la juventud y la infancia contra la podredumbre que viene de Occidente: no sólo cualquier conato de manifestación o propaganda homosexual es reprimido inmediatamente, por las malas si es necesario; además les han cortado las alas a las infames ONG apoyadas por los países occidentales, cuyo propósito no es otro que corromper una sociedad que todavía es fundamentalmente sana.

Honor por tanto a Rusia y a sus gobernantes. Vergüenza para España, hundida en el fango, vergüenza para Occidente convertido en un estercolero. Vergüenza para los despreciables medios de Occidente, sus políticos serviles y cobardes, sus apólogos y promotores de la homosexualidad y la ideología de género a nivel mundial.

El poder de la lobby homosexual y de ideología de género (que todo va unido en la misma camada maldita) es enorme. Nos da una medida de ello, por ejemplo, que en Estados Unidos sea cada vez más difícil encontrar abogados, y prácticamente imposible estudios legales de prestigio, que acepten causas contra grupos homosexuales, o pleitos que puedan incomodarlos. Para valorar el alcance de esto, considérese que los peores criminales tienen derecho a la mejor asistencia que puedan pagarse y encontrarán sin duda abogados que defiendan sus intereses; pero una corriente de opinión tradicionalista, que represente miles o millones de personas contra el poder de las lobbies de la degeneración, no tiene el mismo acceso a la asistencia legal que tiene cualquier ladrón a gran escala, corrupto, asesino, violador o pedófilo.

Ni a quien escribe ni a muchos otros nos representan estas instituciones basura que se identifican con la causa homosexual y hacen de la promoción de la homosexualidad la línea política del Estado. Unas instituciones ocupadas por chusma de la peor calaña y por pusilánimes, que reciben instrucciones de la secta de escoria humana que, a nivel mundial, lleva a cabo su proyecto de ingeniería social. La misma secta que controla los medios de comunicación y entretenimiento, utilizándolos para llevar el dócil y bien reblandecido cerebro del ciudadano medio occidental donde ellos quieren.

Cualquier persona sana y decente debe empezar a darse cuenta de que vivimos en un estado de ocupación, que los poderes públicos se han convertido en instrumento de fuerzas ocultas salidas de un pantano maloliente, como si fueran monstruos de fango pútrido que nos quieren agarrar y arrastrar por la fuerza a sus aguas corrompidas y malsanas.

Estamos viviendo en una época de decadencia y degeneración, permeada del el olor inconfundible de la muerte. La verdadera lucha, la única tarea a la altura de los tiempos, es la de mantener firmes las posiciones y poner los ojos en el futuro, sin descender a compromisos ni aceptar el discurso de los mensajeros de la podredumbre.

El proyecto de ingeniería social, en efecto, es sencillamente convertir la sociedad occidental en una alcantarilla, un receptáculo de aguas fecales, un estercolero enemigo de la salud, la rectitud y la decencia.