Casas, Múgica, Buesa, Jaúregui o Lluch, Elespe, Priede y Pagazaurtundua, Son algunos apellidos que me vienen a la cabeza cuando pienso en la cantidad de socialistas asesinados por la banda terrorista ETA. Y me centro solamente en este grupo de gente de izquierdas, con la intención de recordar que antaño e independientemente del color político de los partidos, todos éramos enemigos de los terroristas vascos. ¡Todos éramos iguales!
 
Hoy todo es diferente. Cualquier de nosotros entiende la corrupción como el arte o facilidad que tienen algunos para llevarse el dinero de las instituciones. Tan antigua como el propio ser humano, no es en mi opinión la actividad más infame y vil que puede ser desarrollada por el hombre.
 
El Gobierno actual que encabeza Pedro Sánchez ha cometido el mayor acto de traición que un país puede soportar. Pedro Sánchez antepone el interés personal a la propia gente de izquierdas, a los de derechas, a las víctimas del terrorismo, al recuerdo de aquellos que recibieron un tiro en la nuca y en definitiva, a cualquier principio ético y moral, pero sobre todo y ese es su mayor error, a aquellos que se dejaron la vida en evitar asesinatos y que como Eduardo Puelles, no fueron capaces de evitar el suyo. Pero también de otros muchos, que desde el filo de la navaja y después de ser muchas veces amenazados, pudieron salvar la vida y hoy viven perplejos y atónitos con las políticas socialistas.
 
Estoy por encima cualquier decisión que un parlamento tome en cuestión de terrorismo. Me da exactamente igual que tilden de nazis a quienes trabajaron hasta el último aliento por los demás. Todos nos conocemos y España está por encima de eso. Pero en el día de hoy y de vuelta de todo, desde la tranquilidad y fuera de cualquier circuito político y social, sin influencias, sin prácticamente amigos y decidiendo el futuro que quiero para mí por encima de cualquier otra cosa, solo puedo decir que no comprendo como en estos primeros días de abril a casi veinte años de haber empezado este siglo, existe alguien que se siga llamando socialista. No entiendo el orgullo con el que se puede pertenecer a aquel partido que hace años defendía lo mejor que sabía, al pueblo de los criminales atentados del terrorismo vasco. De los secuestros, de las amenazas y del dolor. Aquel partido que se ponía de luto y lloraba a las víctimas se extinguió, desapareció con Sánchez, con el peor y más infame político que ha pasado por este país, con quien ha pisado la dignidad de nuestros propios muertos y al que desde este día no voy a volver a nombrar.
 
Alguien decía, que era inimaginable pesar que aquel gobierno francés que tan poca ayuda nos prestaba en el pasado y que tanto aprendieron de nosotros en materia antiterrorista, negociara con el yihadismo. Pero en este país, en nuestra querida España, la España de todos, negociamos con quien mató a nuestros padres y a nuestros abuelos, bendecimos leyes contra la policía y abrazamos a los que en el día de ayer empuñaron aquella HS con la que asesinaron a Lluch, o las Browning con las que mataron a tantos y tantos hombres de paz. ¡Me dais asco!
 
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