Desde que se conocieron los resultados de la cita electoral del pasado 28 de abril, mucho se ha hablado y escrito sobre el resultado de las mismas y, sobre todo, se ha tratado sobre el descalabro del Partido Popular porque, no nos equivoquemos, las malas noticias son mejores noticias que las otras. Es sabido que la victoria tiene cien padres y la derrota sólo uno, pero, sin ánimo de llevar la contra, sostengo que la derrota ha tenido más de una causa y que sería muy simplista suponer que se debe a un solo motivo. Y también creo que, con toda seguridad, hay más de una persona a la que poder achacar este infausto resultado. Por eso, sin ánimo de ser exhaustivo, ni de limitar sólo a los factores enunciados en el título la hecatombe, en mi opinión, el efecto conjunto es lo suficientemente importante como para dejar de mencionarlo.

 

El primero, no el más importante, ha sido no tener en cuenta los miedos del electorado. Que, al mismo tiempo es uno de los aciertos del PSOE. Hasta ahora se habla mucho de desaciertos, y poco de las cosas que se hacen bien. Los socialistas manejan los miedos a la perfección. Recuerden la campaña del dóberman cuando iba a venir la derecha. Los miedos son situaciones de ansiedad que nos provocan situaciones imaginarias que pensamos se producirán en el futuro. ¿Hay una parte del electorado a quien el PSOE haya provocado miedo? Claro. Por citar un colectivo, a los que cobran pensiones. ¿Qué les han dicho? Que si gana la derecha, sus pensiones peligran. Así de simple. Por tanto, ¿es posible pensar que una parte de quienes cobran pensiones, actuando en interés propio, han votado al PSOE como salvaguarda de sus pagas? Ya les digo yo que sí.

 

Otra de las razones del éxito del PSOE, y del fracaso del PP, ha sido no contar con la avaricia. ¿Ha despertado el PSOE la avaricia de alguien? En caso afirmativo,  ¿de quién? A mí se me ocurre la de quienes se benefician de la subida del Salario Mínimo Interprofesional, de la Renta Básica de Subsistencia y de todos aquellos a quienes dan algo sin pensar en que es a costa de quitárselo a los demás. Porque nadie ha dicho que el estado no regala nada. Primero lo quita, y luego, una vez deducidos los gastos de quitarlo y repartirlo, porque lo primero es colocar a sus deudores (asociaciones, plataformas de afectados…) y colaboradores (afiliados entregados y familiares), lo poco que sobra, lo reparte, previo pago a los medios de comunicación afines en forma de anuncios publicitarios. ¿Habrá un colectivo grande que haya votado sólo por esa razón? La respuesta también es afirmativa, ¿verdad?

En 2011 los españoles votamos mayoritariamente al PP. ¿Es que entonces éramos de derecha y hoy hemos dejado de serlo? Evidentemente, no. Para los desmemoriados, les recordaré que la situación económica, el paro, el sistema financiero, las cuentas públicas y España en su conjunto, estaban en peligro. Un enemigo público mantenía que no existía tal situación extrema antes de las elecciones (Rodríguez Zapatero), y cuando perdió las elecciones uno de su propio partido, Javier Solana, recomendó como mejor opción la intervención de España por parte de la Unión Europea. Gracias a la difícil gestión que hizo el PP, es de bien nacidos ser agradecidos, con sus luces y sombras, hoy la situación es muy distinta. ¿Qué esperaban en el PP? ¿Agradecimiento? Entérense: el agradecimiento no existe. Ni aquí, ni en ningún otro lado. Antes bien, existe la ingratitud. Y si no que se lo digan a Winston Churchill, que perdió las elecciones antes de la II Guerra Mundial. Iniciada la guerra, le eligieron para dirigirla cuando iban perdiendo. Una vez terminada y ganada la guerra, volvieron a haber elecciones. El pueblo inglés, agradecido, votó de nuevo a sus oponentes. ¡No hay que esperar agradecimiento! Hay que recordar a los culpables que provocaron tales situaciones, a los partidos a los que pertenecían y lo mal que se estaba en los momentos más difíciles. Cada 10 minutos. Desde el desayuno, hasta la hora de comer. Y luego, todo el resto del día. Venga a cuento o no.

 

 Y por último, titulé este artículo "y uno más". Me refiero a la persona del PP que, este mes hace diez años, ideó el lema: "Si alguien se quiere ir al partido liberal o conservador, que se vaya". ¡Qué sobrado estaba en aquellos momentos! Me gustaría saber si quién la dijo sería capaz de mantenerla ahora, a la vista de los buenos efectos que ha tenido que se haya fragmentado el voto. Y sobre todo, si le siguen pagando por sus buenos consejos.

Sumen el efecto de todo eso, y se harán una idea de por qué las cosas son como son y pasa lo que pasa.