Esta semana han saltado a la primera página de los periódicos digitales unas bobas veganas que se definen a sí mismas como antiespecistas abolicionistas, transfeministas interseccionales, comunistas libertarias, asamblearistas y ecologistas anticapitalistas. Ni quito ni añado nada que no hayan dicho ellas de sí mismas. Salvo lo de bobas, claro, porque no se puede tener menos entendimiento o razón que el de este colectivo experimentado en sandeces derivadas del marxismo cultural.  Y para que nadie crea que exagero, juzguen ustedes mismos si acaso no me he quedado corto.

Dicen que tienen un proyecto cuyas raíces son las de “constatar la carencia de recursos disponibles para atender a las animales no humanas rescatadas”. Y por eso, se van a a acoger a las animales“ que son, o son susceptibles de ser, destinatarias de violencia, abuso, maltrato psicológico y, en definitiva, que se encuentren expuestos a condiciones de vida de esclavitud”. Al reciento de acogimiento lo llaman “Santuario Animal Almas Veganas”, un “espacio de acogida y tranquilidad donde se puedan desarrollar sin peligro para sus vidas” las animales que consigan liberar. De verdad que no invento nada. Todo lo que va en cursiva son sus palabras, no las mías. Estes chiques son de nota.

Se han abrogado la Misión de “salvar vidas, las del máximo número de animales no humanas posible, especialmente aquellas consideradas «de granja», ofreciéndoles una vida digna y liberándolas de su esclavitud”. Pero no acaba ahí la tontería, hay más. Educan “en el veganismo abolicionista para crear una sociedad más respetuosa con el planeta y con las animales de todas las especies”. Ya saben, a quien le falte educación en ese sentido, que tome nota.

Si han pensado que su Misión acaba ahí, se equivocan. También dicen cosas tan inteligentes (disculpen la risa) como que “Interseccionamos las luchas para vivir en un mundo sin discriminaciones de ningún tipo”. ¿Y saben cómo hacen todo eso? Separando las gallinas de los gallos para que éstos no las violen, que como todo el mundo sabe, es la mejor forma de interseccionar una lucha, o cualquier otra majadería.

Pocas veces el significado de una palabra cuadra tan perfectamente a alguien como en este caso. Un adefesio, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, tiene dos significados. El primero de ellos es “Persona o cosa ridícula, extravagante o muy fea”. El segundo: “Despropósito, disparate, extravagancia”. Y precisamente eso son estas chiques, unos adefesios en el más estricto sentido de la palabra, se mire por donde se mire. Son ridículas, extravagantes y feas. Y los propósitos que las inspiran, tan disparatados, que perfectamente se los puede calificar de extravagantes sin riesgo de exagerar un ápice.

¿Y quieren saber cuáles son sus objetivos? No se lo pierdan: “mostrar que una alternativa al capitalismo, al especismo, al machismo, y a otras conductas socialmente insanas y violentas es posible”. ¿Saben cómo? Lo han adivinado: separando los gallos de las gallinas. Porque, como todo el mundo sabe, el capitalismo empezó así, juntando las gallinas con los gallos. Por supuesto, todo eso lo hacen por el bien del planeta y los animales no humanos.

Estamos apañados con idiotas como les chiques éstas que utilizan la neolengua llamada lenguaje inclusivo y que, de convencer a muchos más nos llevarían a la extinción como especie en un par de generaciones. Toda esta gente son el cáncer de nuestra sociedad, es decir, células que crecen incontroladamente y que, cuando se juntan con otres como elles, pueden dar lugar a la aparición de un tumor en forma de comuna, santuario vegano, ateneo libertario o cualquier otra chufa infecciosa para nuestra sociedad.

Sobreviven a nuestra costa, parasitando en organismos públicos, concejalías, observatorios, plataformas, y otras gaitas, sin generar ni crear absolutamente nada. Los más peligrosos de elles incluso okupan por las bravas bienes que no les pertenecen, con el beneplácito de las leyes que nos deberían proteger a los demás. Comenzaron llamándose “indignados”, de ahí pasaron a ser “confluencias”, “mareas”… Porque al igual que el cáncer, no conforman organismos definidos y sólo medran corrompiendo los sanos, sin los cuales no pueden sobrevivir.

Para ello no hay otra solución que extirparlos del cuerpo de que se nutren eliminando su fuente de alimentación: las subvenciones y los fondos públicos. Sólo de esa forma se puede hacer. Sacándolos de los Presupuestos Generales del Estado, de las Comunidades Autónomas y ayuntamientos. Y si no quieren trabajar, pues ya saben: a los semáforos. ¡Adefesios!